Thursday, May 17, 2012

CAFE: En defensa de los viajes familiares

Contrarréplica al artículo CAFÉ y la bipolaridad política, de Haroldo Dilla Alfonso, publicado en CUBAENCUENTRO
María Isabel Alfonso, Nueva York | 11/05/2012 10:24 am 
Hay que reconocerle a Haroldo Dilla (HD), su creatividad. Es heterodoxo no solo en el subjetivismo con que usa ciertos términos (comensales que no comen; contribuyentes que no contribuyen), sino en su lectura sobre CAFE y sobre los puntos de mi artículo.
Voy al grano.

1. HD establece que estuvimos presentes en la reunión de la Sección de Intereses de Washington el 28 de abril del 2012, en la cual los emigrados se comunicaron con el Gobierno cubano en La Habana por Skype, etc. Está nuevamente equivocado. En lo personal, no fui invitada a esa reunión, en la cual ningún miembro de CAFE participó. Una semana antes visitamos la Sección (el día 16 de abril), pero no en calidad de invitados a ningún evento, sino porque nosotros solicitamos la reunión. HD debería haber investigado mejor. Nos alegra, sin embargo, que incluya el link del blog de Ichikawa sobre una visita del 2011, pues satisface así la curiosidad de los comentaristas que ávidamente se preguntan qué va a decir un cubano en la Sección de Intereses.

2. No somos articulistas ni contribuyentes de Cubadebate, Prensa Latina, ni Granma. La entrevista a Eduardo Araújo que HD cita, fue publicada en el periódico español El Mundo, donde la autora (Wendy Guerra) publica semanalmente. Por alguna razón Cubadebate decidió incluirla en su página. Por otra parte, si HD coteja nuestro comunicado de prensa con la noticia circulada en Cuba sobre CAFE, verá que fue “editada”, eliminándose la parte donde exponemos nuestras demandas al Gobierno cubano. Ningún miembro de CAFE ha enviado colaboración ni contribución alguna a ninguno de los mencionados periódicos. Me reservo el derecho de mencionar las abundantes publicaciones de Dilla en órganos afiliados al Gobierno cubano. No acepto ni el ambiente macartista ni la visión (bipolar) de percibir todo lo que se vincule al Gobierno cubano como negativo (estructura mental que considero parte del problema).

3. En ningún momento dije que HD pertenecía al Departamento Ideológico del Comité Central. Citarme es la mejor forma de aclarar: “Va aún más lejos al acusar a los miembros del grupo de trabajar para Cubadebate, sitio del departamento ideológico del Comité Central del PCC, al cual él sí perteneció.” Establezco que perteneció a al PCC, no al Departamento Ideológico.

A HD le preocupa que la supuesta “bipolaridad” que nos endilga nos haga terminar “remesando e invirtiendo sin alterar los términos políticos gravosos que el Estado cubano impone”. A nosotros nos preocupa que HD ignore que para la mayoría de los cubanos que viven en EEUU es esencial mantener en vigor los viajes familiares, como estrategia básica para no seguir contribuyendo a lo que él mismo identifica como una “comunidad nacional dividida y fragmentada”. De hecho CAFE, que tanto preocupa a HD, nació cuando un grupo numeroso de cubano-americanos, reaccionaron con alarma ante el intento de los congresistas Mario Díaz-Balart y David Rivera, y el Senador Marco Rubio, de revertir la flexibilización de los viajes familiares, lo cual contribuiría aún más a la separación de la familia cubana.

HD piensa en términos de una “comunidad nacional dividida y fragmentada por la propia acción del Estado (cubano), que ve a los emigrados como negocio”. Nosotros pensamos en una comunidad transnacional dividida por los dos Estados. ¿Quién es el bipolar aquí? ¿HD, que concentra todas las críticas en un solo lado; o CAFE, cuando apuesta por una lectura más matizada? No creo que sea necesario vivir en EEUU para darse cuenta de que existe aquí una cruenta industria que lucra con una nación dividida. HD atribuye el afán de lucro solamente al Gobierno cubano. El precio de los pasaportes y demás trámites migratorios establecidos en Cuba es excesivo e injusto, y como tal, lo denunciamos. Pero los cabildeos de la derecha cubano-americana (corrupta, en no pocas ocasiones) en contra de los viajes y la familia cubana, no los son menos. Esta dimensión es fundamental, al punto que HD la reconoce, aunque le dedica menos tiempo que a defender a la militante comunista Camila Vallejo.

No podemos ignorar el legado histórico de estructuras de confrontación por ambas partes. CAFE sabe también que hay asimetrías de poder entre Cuba y EEUU, por lo que proponemos cuatro medidas que consideramos positivas para Cuba, independiente de que el embargo norteamericano se mantenga o no. A la vez, apoyamos un cronograma como el propuesto por el presidente James Carter en la Habana en 2002: que EEUU, el país más poderoso, rompa el el ciclo vicioso de confrontación eliminando completamente la prohibición de viajar, adoptando los estándares internacionales de libertad de movimiento. Cuba debería responder con una medida del mismo calibre.

Coincidimos con HD en que conversar con el Gobierno cubano es difícil, pero una actitud constructiva implica tomar ese reto. Hemos logrado una conversación en la Sección de Intereses en Washington con civilidad. En la reunión de Octubre del 2011 se nos dijo que apreciaban nuestras ideas pero que no nos olvidáramos que la soberanía estaba en Cuba, no en la emigración. Nuestra postura fue de rechazo a esa posición, insistiendo en que la soberanía estaba en la nación, que incluía tanto al pueblo en la Isla —que es la mayoría—, como a la emigración.

Otros puntos presentados fueron el énfasis en un nacionalismo incluyente, en el que no solo tenga cabida la ideología comunista, sino toda aquella que mantenga como principio básico una adhesión a la soberanía de Cuba como asunto no negociable (esos que nos llaman “plattistas”, debían ver algunas de nuestras intervenciones en la Sección de Intereses de Washington). Se planteó también la pertinencia de que el Gobierno cubano emita disculpas oficiales a personas que han sido victimizadas, tales como los homosexuales. Este proceso debe acompañar los loables esfuerzos presentes por erradicar la homofobia.

¿No sería este acaso el punto de partida para una actitud de respeto a la diversidad de opiniones y el pluralismo, que preocupa tanto a HD como a nosotros? Si la nueva izquierda “unipolar“ de HD ha logrado algún diálogo productivo con la embajada cubana en Santo Domingo, que nos informe. Hasta ahora lo único que ha hecho es cuestionar desde el butacón los esfuerzos de los que han defendido los viajes familiares, sin proponer —como él reconoce— ni estrategia, ni mapa, ni ruta.

CAFE reivindica la pluralidad de voces en la diáspora cubana sin abrogarse su representación. Como cubano-norteamericanos partidarios de una política de acercamiento y diálogo, abogamos por un reconocimiento de nuestra posición, pero no reclamamos monopolio alguno. Si Haroldo Dilla u otros cubanos en República Dominicana o Washington entablan otros diálogos con el Gobierno y la sociedad cubanos, sobre otras bases, no nos opondremos a los mismos. Por nuestra parte, seguiremos abogando por una agenda de cambio específico de la política norteamericana hacia Cuba y de Cuba hacia los cubanos que viven en la diáspora. Ese 60 % de la población cubano-americana, para el cual perder la posibilidad de ver a sus familiares en Cuba sí es parte del problema, no va a ser ignorado nunca más. CAFE seguirá adelante, sin presunciones ni protagonismos, pero con la certeza de que existe para ser parte de la solución.

CAFE en Washington

We Put the CAFE

Response to Haroldo Dilla's “You Want Café?” , published in CUBAENCUENTRO.
María Isabel Alfonso
Translation by Sophia Crabbe-Field (WOLA Washington Office on Latin America).



On the 16th and 17th of April, the community organization CAFE (Cuban Americans for Engagement) visited the Department of State, the Cuban Interests Section and Capitol Hill, in order to express their support for a continued relaxation of travel restrictions as well as academic and cultural exchanges to Cuba, as approved by President Barack Obama. Nevertheless, the CAFE delegation, a representation of more than a hundred members, emphasized that the Cuban-American community is composed of a plurality of voices, whose views on issues ranging from the embargo to travel, differ from those positions held by Senators and Congressmen including Cuban-Americans Marco Rubio, David Rivera, Albio Sires, Ileana Ros-Lehtinen, Bob Menéndez and Mario Diaz-Balart.

The support CAFE has received through e-mails and phone calls has been overwhelming. As much from Florida as from other states across the nation, both Cuban-Americans and North Americans have demonstrated their appreciation of our work on the Capitol. Many among the latter have requested to join us. The challenge is to organize political voices up until now ignored by those in the Senate and Congress, who have claimed to represent the entirety of the Cuban-American community, without actually possessing political jurisdiction over this population.

There are Cuban-Americans living throughout the American union. According to the country’s political system, citizens elect their Congressmen and Senators through their respective districts and states. It is time to organize this movement of people that, for the most part, disagree with this policy isolation and minimal exchange with Cuba. Republicans, Democrats, independents, as well as Cubans of other political affiliations living in the United States, are compelled by CAFE to exercise their rights as citizens and, therefore, to vote. 

So far, Cuban-American representatives in Congress have decided to represent the voices of a declining minority. These groups are certainly entitled to their opinions, but have done so in a way which has fostered an environment contrary to the expression of a political plurality among the Cuban-American population. These voices are meant to intimidate, they are McCarthyist and lacking in civility, demanding punishment for Ozzie Guillén, Juanes and Olga Tañón, condemning the visit of the Pope to Cuba while at the same time considering Posada Carriles and Orlando Bosch as exiled heroes. CAFE and many other members of the Cuban-American community have felt it necessary to distance themselves from these views which, to our shame, reflect the voices of this minority and are echoed by Congressmen such as David Rivera.

We are not dealing with a generational conflict. As highlighted in the Human Rights Watch report “Dangerous Dialogue” on freedom of expression in the Cuban-American community, Cubans of all migratory waves have been victims of the aggressions perpetrated by groups that have made intransigence and violence a profession of faith. In this sense, one must appreciate how many of those who, until now, adopted positions which were opposed to reconciliation, have decided to give dialogue a chance. The presence of Carlos Saladrigas, founder of the Cuban Study Group, at the Centro Félix Varela in Havana is one notable example.

Another surprise was the visit to the island of Alfonso Fanjul, on a recent delegation with the Brookings Institute, whose objective was to “verify” the reform process underway. (The contributions in Washington of the Fanjul have created an important turning point in the continuation of the embargo. The brothers, owners of the Florida-based Crystal Sugar, were at the head, for many years, of a sugar empire in the United States, earning them the title of “sugar barons”. In Florida, environmental organizations accuse the Fanul of the devastation being caused to the ecosystem in the Everglades through an indiscriminate use of fertilizers. Their companies in Florida and the Dominican Republican have been repeatedly accused of violating worker’s rights).

TV Martí and Haroldo Dilla: selective journalism

During a recent report on TV Martí, Ana Carbonell, assistant to ex-Congressman Lincoln Diaz-Balart, claimed that CAFE is proposing negotiations with Cuba without taking into account the need for political reform on the island. In CUBAENCUENTRO, Haroldo Dilla, former researcher for the CCP (Cuban Communist Party) Central Committee, denounced the politics and ethics of CAFE as “confusing our rights as citizens with the lowering of tariffs or with the possibility of an entrepreneur investing in the Cuban economy.” He goes further still, accusing the members of the group of belonging to Cubadebate, site of the ideological department of the CCP, of which he himself was a member. (If Cubadebate wishes to publish anything that any one of us writes, they are more than welcome to, as this would be a symbol of openness on their part. The truth is that our articles featured on Cubadebate exist only in the mind of Dilla, who may be confused due to his own history of writing publications for the CCP. We invite Dilla to present proof of these accusations.)

A lack of viable alternatives, both through the traditional Right, as represented by TV Martí, as well as through the resentment exhibited by ex-Communist Haroldo Dilla, coincides with the insistence on positions that have failed to achieve any real breakthrough across the past fifty years of hostilities. The definition of insanity, according to Albert Einstein, is repeating the same thing over and over, while hoping for a different result. When will this finally be understood?

As an expression of this new approach to solving political dilemmas both within Cuba as well as in the United States’ policy towards the island, CAFE welcomes criticism. None of our members, who are comprised of many more than the nine who were able to travel to Washington (while paying all of our own expenses) assume that we have found the best way to foster dialogue with the governments of Cuba and the United States. The solution to the conflict between the two countries and among Cubans will not be the product of a single act, but instead of a process involving a path towards reconciliation which requires the humility of all parties involved. A sharing of ideas calls for a minimum of civility. Only someone with no viable proposals would resort to that kind of slander, calling us “favorite guests of the Cuban Interests Section in Washington”, or to accusations of providing Cuban-American investments to small and medium-sized businesses to “oppress the people”, as Dilla and Carbonell have alleged. 

The members of CAFE have never spoken out against the civil rights of Cubans. On the issue of travel rights, CAFE. advocates that travel rights be respected for both Cubans as well as North Americans, as enshrined in the Universal Declaration of Human Rights. Travel from and to Cuba and the United States is prohibited in both countries. In relation to the political system currently prevailing on the island, various members of our group reiterated during the meetings on the 16th and 17th of April that a policy of exchange and dialogue is a better way of fostering economic and political change in Cuba. In addition, the group presented concrete demands to the government of the island, through which we criticized those practices we consider discriminatory and damaging to Cuba’s development and to national reconciliation. Having said this, let us assume that the path will be one of civilized dialogue, facilitating an environment of peace and rapprochement, free of seditious intent, thus engendering the least traumatic of transformations.

The four measures proposed by the Cuban government do not consist in a fully-fledged plan, but instead in minor, yet pertinent, decisions that remain noteworthy even under the oppressive conditions of the United States embargo. We do not shy away from recognizing, together with the Cuban government, as well as the overwhelming majority of the international community, that the United States policy of sanctions and harassment against Cuba is “illegal, immoral and counterproductive.” Worse yet, it is simply anti-American to sacrifice the values and interests of North Americans for a minority more interested in the reclaiming of property and power, than in the transition to democracy. Our preference for gradualism and for small and medium-sized property is based on the fact that it is through the middle and working classes, and not through larger interests, whose dialogue with Cuba is questioned neither by TV Martí, nor by neo-Leftist Dilla, that development and democracy emerge.

Rather than creating rhetoric and making broad proclamations of principles, we prefer instead to contribute to a change in migratory policy and the increased participation of Cuban-Americans in the changes being undertaken on the island. Hopefully, Haroldo Dilla is right and the Cuban government intends to plan for greater changes than we have suggested. Our suggestions have not consisted in a radical plan of action, but rather in minor suggestions, that, despite difficult conditions, such as those imposed by the North American embargo, Cuba must undertake. The worst would be, when confronted with radical positions such as those of Dilla, to allow for the paralysis of principles, and to be left without awareness of the true agencies of power. 

It is regrettable to note the way in which Radio and TV Martí ignore or treat unilaterally themes which actually generate diverse opinions within the Cuban-American community, such as Cardinal Ortega’s conference at Harvard, the prohibition on travel to Cuba or the recent terrorist actions against flights to Cuba in Miami. U.S. tax dollars are being used being used to subsidize McCarthyist attacks against the reputation of U.S. citizens, offering every opportunity to those opposed to dialogue, without regard for those who defend it. It is time for this station, paid for with our taxes, to treat with equality all points of view within the Cuban community: radicals of all persuasions as well as moderates, those that support a policy of isolation and those who oppose it.

All these manipulations and insults further justify the existence of CAFE. The best contribution of the Cuban-American community to Cuban democracy is to be a political model, where all opinions are respected and tolerated as enshrined in the First Amendment of the U.S. Constitution.

According to a 2011 survey carried out by the International University of Florida, limited to Cuban-Americans from the Miami Dade County, 57% favor an end to the travel ban, another 60% oppose any restriction on family travel, while 57% support the reestablishment of diplomatic relations with Cuba. One of the principal objectives of CAFE is to make more visible this under-represented majority of Cuban-Americans. Whoever considers themselves a part of this new conversation should not hesitate to accept our invitation to join the dialogue, and send us an e-mail at contacto@cafeporcuba.com. We put the CAFÉ.

Nosotros ponemos el CAFÉ

Réplica al artículo ¿Gusta Café?, de Haroldo Dilla Alfonso, publicado en CUBAENCUENTRO
El 16 y 17 de abril, la organización comunitaria C.A.F.E. (Cuban Americans for Engagement) visitó el Departamento de Estado, la Sección de Intereses de Cuba y el Capitolio en Washington, para expresar su apoyo a la flexibilización de viajes e intercambios académicos y culturales aprobados por el presidente Barack Obama. A la vez, la delegación de C.A.F.E., en representación de más de un centenar de miembros, clarificó que la comunidad cubano-americana está integrada por una pluralidad de voces cuyos puntos de vista con respecto a temas como el embargo y los viajes, discrepan de las posiciones defendidas por los senadores y congresistas cubano-americanos Marco Rubio, David Rivera, Albio Sires, Ileana Ros-Lehtinen, Bob Menéndez y Mario Diaz-Balart.
El apoyo expresado a C.A.F.E a través de correos electrónicos y llamadas telefónicas ha sido abrumador. Tanto desde la Florida como desde otros estados de la nación, cubano-americanos y norteamericanos agradecen nuestra gestión en la capital. Muchos de estos últimos preguntan si pueden ser parte del grupo. El reto está en organizar y canalizar políticamente voces hasta ahora ignoradas por aquellos que en el Senado y el Congreso, dicen representar, al referirse a la comunidad cubano-americana como un todo, sin tener, en realidad, jurisdiccionalidad para ello.

Existen comunidades cubano-americanas por toda la unión americana. Según el sistema de este país, los ciudadanos eligen a sus congresistas y senadores por sus respectivos distritos y estados. Es hora de organizar ese caudal que mayoritariamente discrepa de las políticas de aislamiento y reducción de intercambios con Cuba. Republicanos, demócratas, independientes y de otras afiliaciones políticas, los integrantes de C.A.F.E. han llamado a los cubanos residentes en EEUU a nacionalizarse y votar.
Hasta el momento los representantes de origen cubano-americano en el Congreso han decidido ser voz de una minoría cada vez más en declive. Estos grupos que tienen, ciertamente, su derecho a opinar, lo han hecho, sin embargo, creando un ambiente negativo a la expresión de la pluralidad política cubano-americana. Son las voces intimidadoras, macartistas y carentes de civilidad, que piden a gritos castigos para Ozzie Guillén, Juanes y Olga Tañón; que condenan la visita del Papa a Cuba, y que a la vez ven a Posada Carriles y a Orlando Bosch como héroes del exilio. C.A.F.E. y muchos otros miembros de la comunidad cubano-americana hemos sentido la necesidad de tomar distancia de ellos, ya que para vergüenza nuestra, congresistas como David Rivera se hacen eco de estas minorías.

No se trata de un enfrentamiento generacional. Como demuestra el informe “Dangerous Dialogue” de Human Rights Watch sobre la libertad de expresión en la comunidad cubano-americana, cubanos de todas las olas migratorias han sido víctimas de agresiones de los grupos que han hecho de la intransigencia y la violencia una profesión de fe. En este sentido, es de alabar cómo muchos de quienes hasta ahora habían adoptado posiciones en contra de la reconciliación, deciden dar al diálogo una oportunidad. Es notable, por ejemplo, la reciente presentación del empresario Carlos Saladrigas, fundador del Cuba Study Group, en el Centro Félix Varela en La Habana.

Sorprendente es también el viaje de Alfonso Fanjul a la Isla, en una reciente comisión de la Brookings Institution, cuyo objetivo fue “verificar” el proceso de reformas que toman lugar. (Las contribuciones de los Fanjul en Washington han sido un pivote importante en la perpetuación del embargo. Los hermanos, propietarios de Florida Crystal Sugar, encabezan ya desde hace muchos años el emporio del azúcar en Estados Unidos, lo cual les ha valido calificativos como el de “sugar barons.” En la Florida, organizaciones ambientalistas acusan a los Fanjul de la devastación causada al ecosistema de los Everglades por el uso indiscriminado de fertilizantes. Sus compañías en la Florida y la República Dominicana han sido denunciadas reiteradamente por violaciones de los derechos de los trabajadores).

TV Martí y Haroldo Dilla: un periodismo selectivo
En un reciente reportaje de TV Martí, Ana Carbonell, asistente del ex congresista Lincoln Diaz-Balart, expresó que C.A.F.E. propone una negociación con Cuba sin tener en cuenta la necesidad de reformas políticas en la Isla. En CUBAENCUENTRO, Haroldo Dilla, ex investigador del Comité Central del PCC, ha denunciado la política y la ética de C.A.F.E. al “confundir nuestros derechos ciudadanos con la rebaja de aranceles o con la posibilidad de un empresario de invertir en la economía cubana”. Va aún más lejos al acusar a los miembros del grupo de trabajar para Cubadebate, sitio del departamento ideológico del Comité Central del PCC, al cual él sí perteneció. (Si Cubadebate quiere publicar algo que alguno de nosotros escriba, se agradecería, pues representaría un signo de apertura de su parte. Lo cierto es que nuestros artículos en Cubadebate solo están en la mente de Dilla, quien quizás se confunde con el tiempo en que escribía para las publicaciones del PCC. Invito a Dilla a que presente alguna prueba de sus acusaciones).

Como carecen de alternativas viables, tanto la derecha tradicional representada por TV Martí como el resentimiento ex comunista de Haroldo Dilla coinciden en la insistencia en posiciones que no han obtenido ningún avance en más de cincuenta años de hostilidad. La definición de locura —según Albert Einstein— es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes. ¿Cuándo lo entenderán?

Como expresión de una nueva manera de abordar los dilemas políticos de Cuba y la política de EEUU hacia la Isla, C.A.F.E. da la bienvenida a críticas. Ninguno de sus miembros —que son muchos más que los nueve que pudimos viajar a Washington, pagando todos nuestros gastos—, asume que conoce la mejor manera de dialogar con los gobiernos de Cuba y EEUU. La solución de los conflictos entre ambos países y entre los cubanos no es cuestión de un acto sino de procesos en los que es necesaria una metodología de reconciliación a través de la humildad de todas las partes involucradas. Un debate de ideas reclama un mínimo de civilidad. Sólo quien carece de propuestas acude a infamias como la de llamarnos “comensales predilectos de la oficina de intereses de Cuba en Washington”, o a acusaciones sobre promover inversiones de cubano-americanos en pequeñas y medianas empresas “para oprimir más al pueblo”, como festinadamente afirman Dilla y Carbonell respectivamente.

Los integrantes de C.A.F.E. no se han pronunciado jamás en contra de los derechos ciudadanos de ningún cubano. En el tema de los derechos de viaje, C.A.F.E. aboga porque se respeten los derechos de viaje tanto de cubanos como de norteamericanos, de la forma consagrada en la Declaración Universal de Derechos Humanos, y porque no se prohíban ni salidas ni entradas; ni aquí ni allá. En relación al sistema político prevaleciente en la Isla, varios integrantes reiteraron en las reuniones del 16 y 17 de abril que una política de intercambio y diálogo es la mejor manera de favorecer cambios económicos y políticos en Cuba. Asimismo, el grupo presentó demandas concretas al Gobierno de la Isla, al cual criticamos por aquellas prácticas que consideramos discriminatorias y dañinas al desarrollo de Cuba y la reconciliación nacional. Dicho esto, asumimos que el camino es el diálogo civilizado, facilitando un ambiente de paz y acercamiento, ajeno a propósitos subversivos, en el que los cambios sean menos traumáticos.

Las cuatro medidas propuestas al Gobierno cubano no son un plan máximo, sino decisiones mínimas que son pertinentes incluso en las condiciones opresivas del embargo norteamericano. No nos ocultamos para reconocer junto al Gobierno cubano y la inmensa mayoría de la comunidad internacional que la política norteamericana de sanciones y acoso contra Cuba es “ilegal, inmoral y contraproducente”. Peor, también es antinorteamericana al sacrificar los valores e intereses norteamericanos a una minoría más interesada en la reclamación de propiedades y el poder, que en una transición democrática. Nuestra preferencia por la gradualidad y la pequeña y mediana propiedad se basa en que es en esos espacios de clase media, en los trabajadores —y no en los grandes capitales como los de Fanjul (a quien ni TV Martí ni el neo-izquierdista Dilla cuestionan por su diálogo con Cuba)—, donde el desarrollo y la democracia toman asiento.

Más que proclamar principios o puntos retóricos, nos interesa contribuir a una diferencia tanto en la política migratoria como en las posibilidades de participación de los cubano-americanos en los cambios que tienen lugar en la Isla. Ojalá Haroldo Dilla tenga razón y el Gobierno cubano planifique cambios más profundos que los que sugerimos. Nuestras propuestas nunca han sido un plan máximo, sino apenas una sugerencia mínima, de lo que aún en condiciones difíciles como el embargo norteamericano, Cuba debe hacer. Lo peor sería que ante posiciones maximalistas como las de Dilla, sigamos en la parálisis de principios, sin mapa ni ruta ni consciencia de los factores de poder.
Es lamentable cómo Radio y TV Martí ignoran o tratan unilateralmente temas que generan opiniones diversas dentro de la comunidad cubano-americana, tales como la conferencia del Cardenal Ortega en Harvard, la prohibición de viajar a Cuba o la reciente acción terrorista contra una agencia de vuelos fletados a Cuba en Miami. Los impuestos de los contribuyentes estadounidenses son usados así para subsidiar ataques macartistas contra la reputación de ciudadanos norteamericanos, ofreciendo todas las facilidades a los opuestos al diálogo sin consideración alguna para aquellos que lo defienden. Es hora de que esta emisora, pagada con nuestros impuestos, trate en condiciones de igualdad todos los puntos de vista dentro de la comunidad cubana: los radicales de cualquier signo y los moderados; los que apoyan la política de aislamiento y los que la rechazan.

Todas las manipulaciones e insultos justifican aún más la razón de ser de C.A.F.E. La mejor contribución de la comunidad cubano-americana a la democracia en Cuba es ser un espacio político modelo, donde todas las opiniones son respetadas y toleradas como está consagrado en la primera enmienda de la Constitución de EEUU.

Según la encuesta de 2011 de la Universidad Internacional de la Florida, limitada a cubano-americanos del condado Miami Dade, 57 % de los mismos favorecen el fin de la prohibición de viajar, el 60 % se opone a toda restricción de los viajes familiares, mientras el 57 % apoya el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. Uno de los objetivos principales de C.A.F.E. es hacer visible la poca representatividad de este grupo mayoritario de cubano-americanos. Quien se considere parte de esta nueva conversación, que no dude en confirmar invitación a nuestra mesa de diálogo, enviando un correo a contacto@cafeporcuba.com. Nosotros ponemos el CAFÉ.

CAFE visits Washington

By Cuban Americans for Engagement (C.A.F.E) on April 25, 2012


On April 16th and 17th a group of Cuban Americans of different political persuasions from states including Florida, Illinois, Colorado, Massachusetts, New York, Virginia, and Kentucky visited Washington DC in order to promote engagement in relations between Cuba and the United States with members of Congress, the U.S. State Department, and the Cuban Interests Section in Washington. We counted on the support of the Latin America Working Group (LAWG) and the Washington Office of Latin America (WOLA) for such an undertaking. Para leer en español haz un click aquí.

CA_Del_Mcgovern2Members of C.A.F.E with Rep Jim McGovern (MA-3)
During our visits with congressional offices we underlined the very important message that the Cuban-American community is not monolithic and that many voices exist within this community that favor a policy of more engagement with Cuba, including the end to the travel ban for all U.S. citizens. In all of the offices we visited, including that of Senator Marco Rubio, we emphasized that we do not feel represented by Cuban Americans who currently hold positions as representatives and senators in Congress. We categorically reject any attribution of said members to speak on the behalf of our community as a whole. The voices of Cuban Americans throughout the nation are articulated by the duly elected officials of each of our states and districts. It is precisely these representatives, and not the self-proclaimed representatives of the Cuban-American community, wherever they may be from, who represent our voices. We also would like to stress that polling data from the Cuban-American population and the American public, in general, demonstrate a clear rejection to any reversal of the flexibilization of family trips and people-to-people contact adopted by the Obama Administration.

In our visit to the U.S. State Department, we were informed in general terms as to the current U.S. policy towards Cuba and its implementation. From the beginning, we established that we disagree with the premise of any policy based in the Helms-Burton Act. This coincides with the feelings of the majority of Cubans on the island, Cuban Americans in the United States, and U.S. citizens in general.
We call on the Obama Administration and, in particular, the U.S. State Department, to more vigorously defend the steps taken by President Obama in April of 2009 and January of 2011 in favor of flexibilization of family trips and people-to-people contact. We have opposed and continue to oppose any narrow interpretation of democracy promotion as an instrument of regime change. We reject any interpretation of people-to-people contact that restrains the true nature of these trips. This narrow interpretation hinders legitimate means of information exchange between different communities in Cuba and the United States.

We advocate, in turn, for a broader understanding of people-to-people contact that never disparages the democratic reach of cultural, educational, and academic exchanges (music, dance, plastic arts, literature). We implore the Obama Administration to take an assertive posture in defending these proclaimed policies and not cede to those who categorize any non subversive exchange, such as visiting the island for a jazz festival or an artistic endeavor, as an "abuse" of the declared policy.

In our encounter with the Cuban Interests Section in Washington, we called upon the Cuban government to adopt policies in favor of a better and more comprehensive relation between the entire Cuban nation, comprised of the people of the island and the diaspora. We focused attention upon four points that we consider important in order to both mobilize more Cuban Americans to call for an end to the embargo and to facilitate more exchange with the Cuban people: 1) An opening by the Cuban government to investments by Cuban Americans in small business and entrepreneurships; 2) The elimination of restrictions to return to the island that affect specific groups, including balseros and professionals like doctors who have abandoned their posts in foreign deployments, who are punished by these regulations. (We oppose the U.S. government's programs to promote abandonment of mission as part of a policy that seeks to destabilize Cuba, but we understand that Cuba must adopt clearly defined criteria to regulate the emigration of its professionals. Such criteria will provide a balance needed to protect Cuba's population and the individual rights of professionals when deciding where to live.); 3) The prohibitive costs for Cuban citizens to obtain and/or renew a passport outside of Cuba deters a more active relationship with the Cuban people on the island. In Cuba, travel permits are excessively difficult to obtain; 4) A call for attention to the existing prejudices towards Cuban Americans that obstruct a more vibrant relationship with their Cuban counterparts in the areas of academic, educational, and cultural exchange.

We would like to thank the offices of the members of Congress, the U.S. State Department, and the Cuban Interests Section who met with us and allowed us to address our concerns pertaining to U.S.-Cuba relations. We extend the offer of providing a knowledgeable counter-balance on these issues as professionals in this country who believe in a culture of pluralism, civility, and respect. We look forward to continued dialogue with those offices and many more in Washington and around the nation in the near future. As Cuban Americans, we feel that the diversity of our community should be appropriately represented, and our endeavors in our nation's capital is one important step towards engagement between the two nations.

La otra diáspora

Entrevista a la escritora Isabel Alfonso: “La diáspora de izquierda debe brindar un apoyo crítico a las reformas”
Con frecuencia los medios hegemónicos —de la Isla y el exilio— presentan de un modo sesgado la real diversidad cultural e ideológica que caracteriza, cada vez más, a la diáspora intelectual y política cubana. En esta serie de entrevistas pretendemos dar un espacio a voces pertenecientes, por obra y filiación personal, a las disimiles posturas que conforman el panorama de las izquierdas dentro de esta comunidad global.

A través de sus experiencias personales y análisis políticos, los entrevistados compartirán con los lectores de CUBAENCUENTRO sus perspectivas, permitiéndonos conocer estos otros rostros cuyos aportes enriquecen el presente y los futuros de la nación y emigración cubanas. En esta primera entrega, la entrevistada es Isabel Alfonso, artista y profesora universitaria, residente en los EEUU y participante directa o solidaria en las disimiles iniciativas políticas en los circuitos de la Isla y su diáspora.

¿Podrías contarnos cuales fueron los “caminos” que te llevaron —de forma separada o simultánea— a la diáspora y la izquierda? ¿De qué forma ese cambio en tu situación personal te ha relacionado todos estos años con los problemas de tu nuevo terruño?

Isabel Alfonso (IA): Creo que salir de Cuba nos hace pensar nuestra posición dentro del nuevo espectro político global en que nos movemos. A mí ese reposicionamiento post-diaspórico me llevó al reconocimiento de que soy una persona de izquierda. Estas dos categorías, la de la diáspora y la izquierda, mantienen una relación de interdependencia, en mi caso, e intuyo que en el de muchos.
Salgo de Cuba en 1995, a los 23 años, como resultado de la renegociación de acuerdos migratorios entre Washington y La Habana a raíz de la crisis de los balseros. Mi madre tenía una reclamación para viajar bajo el rubro de “reunificación familiar”, la cual había estado congelada desde los 60, es decir, por aproximadamente 30 años. A raíz de los sucesos del 94, los acuerdos migratorios que buscan una potencial solución al problema de los balseros incluyen una revisión a los casos pendientes, la cual incluyó el de mi familia. Es justamente esta coyuntura, ligada a la crisis interna producto del colapso de la Unión Soviética y el campo socialista, la que nos hace, en pleno período especial, reconsiderar la opción de dejar la Isla.

En cuanto al camino de la izquierda, se dibuja para mí más bien fuera de Cuba. Pero esto no ocurre como viraje radical, sino más bien como un despertar progresivo de mi conciencia política. Provengo de una formación eminentemente católica. Crecí dentro de la comunidad de los salesianos, sacerdotes italianos que llegaron a Cuba en los 70, y que eran de un pensamiento bastante avanzado; no al punto de ser seguidores de la Teología de la Liberación, pero sí muy en sintonía con el trabajo con las comunidades, muy lejos de los lujos y las apariencias.

Por otra parte, el tener una vocación por la lectura me llevó a estudiar Letras en la Universidad de La Habana. Mis lecturas favoritas de esos años antes de salir de Cuba no tenían nada de políticas, sino más bien de filosofía, puesto que mi interés mayor en ese momento era resolver la crisis de fe por la que estaba pasando.

Es decir, nunca fui parte de la UJC, ni me identifiqué per se con un pensamiento de izquierda. Mi experiencia religiosa ocupó el centro de mi vida por mucho tiempo; y siempre fui y sigo siendo una librepensadora, rechazando los partidismos, que muchas veces degeneran en dogmas. Ser de izquierda no implica necesariamente ser militante comunista.

Paradójicamente, vivir 13 años en Miami me volvieron una persona de izquierda. Miami pesa más que un elefante en la vida de cualquier cubano en EEUU. El paupérrimo pensamiento político de derecha y la intimidación macartista que informa el periodismo, tanto radio-visual, como la prensa escrita, no se los lleva el río sino que se quedan flotando como una nube negra sobre esa ciudad. Creo que la primera reacción de muchos ante un fenómeno tan ubicuo como el que menciono, es aislarse (como me pasó a mí por un tiempo), o hacerse parte de este modelo que asume que toda tendencia de izquierda está asociada con Satán. Con el paso del tiempo, conociendo que dentro de esa nube negra hay una historia de terrorismo, no digas ya contra un pensamiento de izquierda, sino en contra los más tímidos esfuerzos de establecer una relación de normalidad entre Cuba y Miami ―me refiero a algo tan básico como a los diálogos que negociaron los primeros vuelos de la comunidad, etc.―, y las reacciones tan visceralmente reaccionarias de una parte de esa comunidad hacia cosas tan básicas como los viajes familiares, comienzo a darme cuenta de que algo muy torcido e inmoral se esconde tras esa derecha vertical.

Mi desarrollo como académica, como estudiosa de Cuba, me hace ponerme en sintonía con algunas ideas de izquierda. Aunque mis estudios tienen que ver más con la literatura, la propia necesidad vivencial de buscar respuestas sobre Cuba, así como el enseñar, a nivel universitario, cursos que van más allá de lo estrictamente literario, me hacen investigar el contexto político en el que se produce la literatura. Mi experiencia, por ejemplo, de enseñar un curso comparativo sobre las revoluciones de Cuba y Nicaragua (a través del cual, incluso tuve la oportunidad de interactuar con el sacerdote Ernesto Cardenal), me ha convencido de que hay verdades no muy fáciles de refutar, como la explícita responsabilidad del Gobierno de EEUU en la desestabilización de la revolución nicaragüense —que fue por cierto, a diferencia de la de Cuba, una revolución cristiana.
He pasado horas leyendo información desclasificada sobre las dictaduras latinoamericanas, y el apoyo de la derecha cubana a las mismas. Para darte solo un ejemplo, ¿cómo se puede ser demócrata sin condenar la ejecución de Orlando Letelier, diplomático chileno de Allende asesinado en Washington por la DINA de Pinochet, con la colaboración de la derecha cubana de Miami? Desde mi curiosidad intelectual, comienzo entonces a revisitar el pensamiento de izquierda, estudiando la propia historia de la nueva ciudad donde me radico y del entorno general de EEUU y Latinoamérica.
Estar alerta ante la desigual distribución de las riquezas a nivel mundial, ante la exportación desde EEUU de un sistema “democrático” que está muy lejos de hacerle justicia a la etimología de la palabra, ante las actuales beligerancias injustificadas de este país hacia el Medio Oriente, pero sobre todo, ante las no tan lejanas beligerancias hacia Latinoamérica (incluyendo a Cuba) y la expresa y descarnada misión de cancelar de la faz de la tierra cualquier alternativa de corte socialista, me hacen volverme una persona de izquierda.

¿Cómo valoras el peso o presencia que tienen, dentro de la comunidad de la diáspora en la cual habitas, un imaginario progresista o de izquierdas? ¿Cuáles son sus oportunidades, barreras y desafíos a su expansión? 

IA: Te puedo hablar de un antes y un después. Un antes al que corresponde mi experiencia de vivir en Miami hasta 2007. Un después que corresponde a mi presente en Nueva York. En Miami, como te dije, pasé más bien por un estado de aislamiento, más enfocada en completar mi doctorado y en la música, que en lo político. En Nueva York, desde la distancia, empiezo a entender que existe en Miami una “derecha excomunista”, integrada por antiguos militantes del Partido Comunista, o que estuvieron en posiciones más o menos comprometidas con el Gobierno y la revolución, que luchan ahora por quitarse el “aura” de esa militancia. Para ello, se acogen al discurso de la derecha más recalcitrante; voluntarían o cobran paga por información confidencial sobre los círculos de poder en que se movían en Cuba; se quejan de los desmanes del “castrismo”, cuando hasta hace muy poco eran, ellos mismos, parte del sistema. Este grupo establece alianza con otros grupos más reaccionarios y antiprogresistas de la ciudad, y apoyan abiertamente figuras e instituciones terroristas como Posada Carriles, Orlando Bosch y Alpha 66, entre otros. A esa alianza fatal me refiero en un artículo titulado “Un exilio cómodo”, donde expreso que los intelectuales que se pliegan al macartismo cubano-americano, traicionan el sentido de lo que un verdadero intelectual debe ser.
Este oportunismo expresa un “camuflageo” con el que se busca ser aceptado dentro de una comunidad regida por la derecha. Puede entenderse como un caso de síndrome de Estocolmo, de acuerdo con el cual, el secuestrado termina amando a su secuestrador, como una alternativa de supervivencia.

Entiendo que puede haber una profunda y sincera decepción en aquellos que en Cuba genuinamente se empeñaron en construir un socialismo renovador, creativo, y fueron satanizados y marginados por los sectores ortodoxos y burocráticos. Pero tal desilusión no debe llevar a hacer frente común anticastrista con las aberraciones con que la derecha cubano-americana ha secuestrado la posibilidad de un avance de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, o a mantener un silencio cómplice hacia ella. No creo que sea consecuente, por ejemplo, una nueva izquierda que desde la diáspora no tenga una posición anti-embargo entre las prioridades de su agenda.

Entiendo que muchos cubanos (de dentro y fuera de Cuba) han experimentado una especie de desgaste y saturación con respecto al término de “izquierda”, y asocian el ser de izquierda con pertenecer a un partido, con tener que ajustarse a slogans e ideologías reduccionistas. Además, se han cometido muchos errores y abusos en la articulación del proyecto socialista de izquierda cubano, incluyendo el maltrato a muchos cubanos patriotas que viven fuera de la Isla y nunca han hecho causa común para nada con los que apoyan el embargo y terrorismo hacia Cuba. A más de un intelectual cubano de buena voluntad, residente en el extranjero, o residente en Cuba, le han sido cerradas las puertas para hacer una presentación de un libro, una curaduría, o en general, integrarse al espacio público de su nación, al cual quiere contribuir positivamente. Y no estoy hablando del quinquenio gris. Aunque también hay que reconocer como un gesto loable y sin precedentes que el Granma reseñe la presentación en Cuba de intelectuales de la diáspora, como es el caso de Jesús Barquet.
Por otra parte, es un paso positivo que el país analice públicamente otros errores que tienen que ver con dinámicas internas, como el tratamiento a los homosexuales en las primeras décadas revolucionarias. Creo sin embargo, que el Gobierno cubano debe emitir disculpas oficiales a las personas afectadas por las UMAP y otras aberraciones, puesto que una visión celebratoria y triunfalista del error termina edulcorando la gravedad de ciertos hechos. Esto es particularmente necesario si queremos visualizar una diáspora madura y comprometida con ideales progresistas, pues precisamente muchas personas salieron de Cuba en un principio, por injusticias como la tenaz campaña homofóbica de los primeros años. Estas son barreras, desafíos, que todos juntos debemos abordar.

El espectro de errores es amplio. Algunos tienen su origen en el miedo a ser castigado por los mecanismos de control que dejan poco espacio a la autonomía y solidificación de la esfera pública; otros, en la importación mecánica de ciertos modelos; muchos, sin embargo, nacen de la situación geopolítica de Cuba y en la falta de alternativas con que se construyó el socialismo allí, desde sus inicios. La sovietización por ejemplo, hay que analizarla en su contexto. ¿Qué alternativas tenía el país en ese momento, en medio de la guerra fría y el embargo? ¿Qué otros modelos había disponibles? Por eso, aunque ser de izquierda no significa, por supuesto, apoyar el socialismo de corte estalinista-cubano, tampoco implica hacer tabula rasa de todo lo vivido ni exorcizar nuestro pasado desde un eterno mea culpa, sino entenderlo creativamente. Implica usar la memoria conscientemente para mirar al pasado sin quedarnos anclados en él, sino desde una proyección de futuridad, como expresa Todorov.

Fuera de Cuba, los desafíos, por tanto, son grandes pues hay una tendencia a satanizar a todo aquel que exponga ideas progresistas, como las que menciono. El macartismo, por ejemplo, es un mal que pesa sobre nosotros con gran fuerza. En el exilio cubano, ya sea en Miami, New York, u otras ciudades, las listas negras y cacerías de brujas (de las que tanto se queja la nueva “derecha excomunista”, cuando se refiere a Cuba, a la vigilancia de los CDR, por ejemplo), es revitalizada dentro del nuevo espacio público norteamericano. Se reproducen los mismos patrones que se critican cuando se cataloga de “espía”, o de “infiltrado” a todo aquel que critique el statu quo de Miami (su prensa, su televisión, etc.). En las discusiones sobre los temas cubanos, la izquierda es excluida o presentada sin condiciones respetuosas y equitativas de acceso a los medios cubano-americanos.
Hasta ahora estos instigadores se han encargado de preparar el terreno para que quienes llegan de Cuba se sientan inhibidos de marcar un punto y aparte con el exilio vertical, y de premiarlos, si terminan plegándose a un lenguaje artificial de una militancia anticastrista ficticia y reinventada. Da vergüenza ver a músicos que hasta el otro día habían cantado en la Tribuna Antimperialista, que eran militantes de la UJC o el PCC, participando ahora en la organización de un concierto para recoger fondos para el cabildeo pro-embargo.

¿Existe para ti alguna relación entre el auge de la producción artística y periodística y la emergencia de ese pensamiento y activismo de izquierdas en la diáspora? ¿Podrías narrarnos alguna experiencia personal en ese sentido?

IA: En mi caso particular, sí existe una relación entre el activismo progresista y mi participación del periodismo y el arte. Como intelectual comprometida busco formas de comunicarme con la esfera pública sobre la cual quiero tener una incidencia positiva. De ahí mi activa participación política, a través de la publicación de artículos no académicos, en la comunidad global de la diáspora y Cuba.
Por otra parte, la música y el arte en general, son armas poderosas de incidencia social. En mi caso, como cantautora, mis canciones no tienen en este momento un fuerte contenido político, pero no tiene que ser necesariamente así para que la música sea un vehículo de comunicación entre nosotros. Con orgullo me identifico con los movimientos culturales de izquierda que me inspiraron en Cuba, particularmente con la poesía y el canto de la Nueva Trova, apoyando y mencionando cada vez que tengo ocasión la inspiración de gigantes como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Dentro del panorama de reformas pro-mercado abierto en los últimos años en la Isla ¿Cómo visualizas los retos y avances de una nueva propuesta de izquierda, coherente y viable, enfocada sobre los múltiples problemas de la realidad cubana? ¿Crees que hay potencialidades para su desarrollo?

IA: Hace poco leí un artículo sobre las precarias condiciones de trabajo de los obreros de la factoría Foxconn en China, quienes ensamblan productos de la Apple como iPhones y iPads. El índice de suicidio es exponencial, dadas las largas horas de trabajo a las que se someten estos trabajadores, dentro de las nuevas dinámicas laborales de una China con socialismo de mercado.
No creo que ninguna reforma pro-mercado lleve a ningún cubano al suicidio por exceso de trabajo, dadas nuestros inagotables recursos para la “alegría”, aun en las condiciones más nefastas. Sin embargo, el caso de China nos hace mirar hacia una Cuba futura con precaución. Nos hace pensar en una nueva Cuba en que las reformas vayan acompañadas por la presencia protagónica de una izquierda no autoritaria, plural e inclusiva, como alternativa a una derecha monolítica y exclusivista que solo valora el neoliberalismo y el mercado desregulado.

Ser de izquierda implica, en este contexto, estar abiertos a la continua renovación de modelos socio-económicos y políticos a la luz de las actuales experiencias de un mundo que se enfrenta a las siguientes condicionantes: 1. el modelo de capitalismo neoliberal e irregulado, fundado en una ideología de derecha que pone al individuo por encima de la comunidad ha fracasado, tal como lo demuestra la actual crisis; 2. El capitalismo desenfrenado se alimenta de la explotación de recursos naturales extinguibles, por lo cual, a la larga, atenta contra la preservación de la especie humana y del planeta; 3. No es ético vivir con los ojos cerrados, en un Primer Mundo de derroche, sabiendo que necesidades básicas como el acceso al agua potable no están cubiertas para otras comunidades. (A estas alturas, si el lector siente que sintoniza con algunas de estas ideas, que sepa sin temor que “eso” es ser de izquierda).

En general, la crisis global del capitalismo nos debe hacer reflexionar profundamente sobre qué es lo que queremos para Cuba. Las reformas pro-mercado hacia las que parece moverse la Isla, deben ser analizadas a la luz de patrones que rigen el desenvolvimiento económico hegemónico del Primer Mundo (tales como la globalización y el neo-liberalismo), que no han resuelto los problemas de los más afectados. Es imprescindible que Cuba entre en la era moderna, que el óxido de la burocracia y el centralismo dé paso a reformas revitalizadoras que provean un bienestar mínimo para nuestros compatriotas en la Isla, que las reformas tomen lugar a un paso más acelerado. Pero no debemos entrar a esa modernidad irresponsablemente, con los ojos cerrados ante el desastre causado por experiencias como los Tratados de Libre Comercio, por ejemplo, con los que el Primer Mundo aparentemente busca ―entre otras cosas― aportar “soluciones” a los países subdesarrollados, para en realidad terminar subyugándolos al provocar desplazamientos migratorios masivos y movilidades que crean más disparidad, dejando sin solución o agravando los problemas originales de esas comunidades deprimidas.

Dicho esto, la diáspora de izquierda debe brindar un apoyo crítico a las reformas que están tomando lugar en Cuba: 1,4 millones de hectáreas han ido a manos de agricultores independientes; se fomenta el cuentapropismo; se autoriza la venta de viviendas y de autos de uso; se aumentan la actividad de los restaurantes privados; se proveen créditos para pequeños negocios en algunas áreas; se anuncian cambios en el área de la migración.

Aunque se aprecian en el sector político cambios sin precedentes, como la limitación a 10 años a los mandatos directivos, o la entrada de nuevos actores al diálogo nacional, se esperaría que esta vocación por escuchar a nuevos interlocutores dentro de la esfera pública involucre a muchos otros sectores que han hecho explícitas las bases de una zona común para el intercambio: su filiación nacionalista y una clara adhesión al ideal de soberanía y el derecho de Cuba a la autodeterminación, sin pacto alguno o aceptación de legitimidad a los plattistas que reniegan de ese credo patriótico. Estos cubanos patriotas, sin necesariamente comulgar con la ideología fomentada por el Partido, deben tener derecho, tanto a hacer públicas y accesibles sus plataformas, como a incidir en la construcción de una sociedad reformada, con un espacio de participación plural. La comunidad cubana en el exterior que comulga con los mencionados principios, debe ser también un actor dentro de esta fase de reconstrucción nacional.

Creo imprescindible, en este proceso, el fomento de una propuesta de izquierda. La articulación de un pluralismo inclusivo proveería alternativas que, por su propio peso, cerrarían el paso a una potencial derechización dentro de la transición que tiene lugar. Evitar ese escenario de victoria derechista, el peor de todos los posibles, debería estar al centro de la agenda de todos los cubanos dignos. Sabiendo que ciertos grupos fuera de Cuba, tales como Unión Liberal, promueven el neoliberalismo y el libre mercado como solución, descalificando la importancia de priorizar áreas como la educación, la salud, la cultura y el deporte; sabiendo que otros incluso proponen trasnochadas agendas anexionistas, es importante consolidar una base común que unifique y fortifique una propuesta de izquierda renovadora, que inserte a Cuba de una vez dentro de la modernidad, pero poniendo en el centro un ideal de bienestar común que beneficie al cubano de a pie, y no a ciertas élites.