Sunday, November 7, 2021

La Gaceta de Cuba, No. 4, 2005. Re-pasar El Puente.

Hoy  continuamos con el tema de la Editorial El Puente y su papel en la historia cultural  de la década de los años 60. Gracias a Mauricio Pimienta, quien ha facilitado este material, les ofrezco cinco artí­culos publicados en La Gaceta de Cuba en el año 2005. Fueron escritos por crí­ticos jovenes y algunos de los protagonistas en la vida de esta editorial.

Sunday, November 4, 2012

A day of mixed feelings



Travers Park, Jackson Heights

November 4th, 2012 was a memorable day in the annals Jackson Heights. My neighbors organized a hurricane relief fundraising/ donation event and were able to collect $ 4,246 over 3 days by selling hot food and sweets. Kids offered manicure services and even face painting generated money to donate to those in need. The funds were intended to help the residents of Far Rockaway, an area totally devastated by Hurricane Sandy. In addition to this, Professor Regina A. Bernard, from Baruch College showed up with her students, who offered to drive to Staten Island to deliver boxes of clothes.

The event was coordinated through a community email listserv. Normally, the listserv covers topics that are pertinent to families in the neighborhood. People give away or sell hand-me-down clothes, toys, strollers. After-school activities are discussed.  Recommendations are sought for everything from pediatricians to a good restaurant.  When Sandy hit, the emails turned into calls for action, donations, and volunteerism. The residents of our neighborhood, which was relatively not affected by the storm save for a few downed trees, used the same forum to help fellow New Yorkers.

People in several areas of Queens and New York will benefit from my neighbors’ altruism. Fortunately, we had extra clothes, shoes and food to give away to those in need.

Notwithstanding, residents from some hard-hit places have expressed complaints about the slow pace of an official response to help. Staten Islanders feel forgotten, with some suggesting that Manhattan gets everything while they are left in the dark. Fortunately, sooner or later they will get help.

Santiago de Cuba, Cuba
The same cannot be said about already impoverished Caribbean countries that were also the target of Sandy. In Jamaica, whose economy depends on tourism from the Northeast of the United States and in Haiti, the poorest country in the Western Hemisphere, a target of previous natural disasters, destruction will be the norm for a long time.  Things are not different in the Dominican Republic. And Cuba, which endures the 50-year US embargo, is having an even more difficult time in terms of getting help because the restrictions in place prevent it. 

Thus, although the day was highlighted by this unique feeling of being blessed by having the best neighbors in the world, I could not stop thinking about my family and friends in the Caribbean, who are not as fortunate as those in The Rockaways and Staten Island. 

Havana, Cuba

Thursday, May 17, 2012

CAFE: En defensa de los viajes familiares

Contrarréplica al artículo CAFÉ y la bipolaridad política, de Haroldo Dilla Alfonso, publicado en CUBAENCUENTRO
María Isabel Alfonso, Nueva York | 11/05/2012 10:24 am 
Hay que reconocerle a Haroldo Dilla (HD), su creatividad. Es heterodoxo no solo en el subjetivismo con que usa ciertos términos (comensales que no comen; contribuyentes que no contribuyen), sino en su lectura sobre CAFE y sobre los puntos de mi artículo.
Voy al grano.

1. HD establece que estuvimos presentes en la reunión de la Sección de Intereses de Washington el 28 de abril del 2012, en la cual los emigrados se comunicaron con el Gobierno cubano en La Habana por Skype, etc. Está nuevamente equivocado. En lo personal, no fui invitada a esa reunión, en la cual ningún miembro de CAFE participó. Una semana antes visitamos la Sección (el día 16 de abril), pero no en calidad de invitados a ningún evento, sino porque nosotros solicitamos la reunión. HD debería haber investigado mejor. Nos alegra, sin embargo, que incluya el link del blog de Ichikawa sobre una visita del 2011, pues satisface así la curiosidad de los comentaristas que ávidamente se preguntan qué va a decir un cubano en la Sección de Intereses.

2. No somos articulistas ni contribuyentes de Cubadebate, Prensa Latina, ni Granma. La entrevista a Eduardo Araújo que HD cita, fue publicada en el periódico español El Mundo, donde la autora (Wendy Guerra) publica semanalmente. Por alguna razón Cubadebate decidió incluirla en su página. Por otra parte, si HD coteja nuestro comunicado de prensa con la noticia circulada en Cuba sobre CAFE, verá que fue “editada”, eliminándose la parte donde exponemos nuestras demandas al Gobierno cubano. Ningún miembro de CAFE ha enviado colaboración ni contribución alguna a ninguno de los mencionados periódicos. Me reservo el derecho de mencionar las abundantes publicaciones de Dilla en órganos afiliados al Gobierno cubano. No acepto ni el ambiente macartista ni la visión (bipolar) de percibir todo lo que se vincule al Gobierno cubano como negativo (estructura mental que considero parte del problema).

3. En ningún momento dije que HD pertenecía al Departamento Ideológico del Comité Central. Citarme es la mejor forma de aclarar: “Va aún más lejos al acusar a los miembros del grupo de trabajar para Cubadebate, sitio del departamento ideológico del Comité Central del PCC, al cual él sí perteneció.” Establezco que perteneció a al PCC, no al Departamento Ideológico.

A HD le preocupa que la supuesta “bipolaridad” que nos endilga nos haga terminar “remesando e invirtiendo sin alterar los términos políticos gravosos que el Estado cubano impone”. A nosotros nos preocupa que HD ignore que para la mayoría de los cubanos que viven en EEUU es esencial mantener en vigor los viajes familiares, como estrategia básica para no seguir contribuyendo a lo que él mismo identifica como una “comunidad nacional dividida y fragmentada”. De hecho CAFE, que tanto preocupa a HD, nació cuando un grupo numeroso de cubano-americanos, reaccionaron con alarma ante el intento de los congresistas Mario Díaz-Balart y David Rivera, y el Senador Marco Rubio, de revertir la flexibilización de los viajes familiares, lo cual contribuiría aún más a la separación de la familia cubana.

HD piensa en términos de una “comunidad nacional dividida y fragmentada por la propia acción del Estado (cubano), que ve a los emigrados como negocio”. Nosotros pensamos en una comunidad transnacional dividida por los dos Estados. ¿Quién es el bipolar aquí? ¿HD, que concentra todas las críticas en un solo lado; o CAFE, cuando apuesta por una lectura más matizada? No creo que sea necesario vivir en EEUU para darse cuenta de que existe aquí una cruenta industria que lucra con una nación dividida. HD atribuye el afán de lucro solamente al Gobierno cubano. El precio de los pasaportes y demás trámites migratorios establecidos en Cuba es excesivo e injusto, y como tal, lo denunciamos. Pero los cabildeos de la derecha cubano-americana (corrupta, en no pocas ocasiones) en contra de los viajes y la familia cubana, no los son menos. Esta dimensión es fundamental, al punto que HD la reconoce, aunque le dedica menos tiempo que a defender a la militante comunista Camila Vallejo.

No podemos ignorar el legado histórico de estructuras de confrontación por ambas partes. CAFE sabe también que hay asimetrías de poder entre Cuba y EEUU, por lo que proponemos cuatro medidas que consideramos positivas para Cuba, independiente de que el embargo norteamericano se mantenga o no. A la vez, apoyamos un cronograma como el propuesto por el presidente James Carter en la Habana en 2002: que EEUU, el país más poderoso, rompa el el ciclo vicioso de confrontación eliminando completamente la prohibición de viajar, adoptando los estándares internacionales de libertad de movimiento. Cuba debería responder con una medida del mismo calibre.

Coincidimos con HD en que conversar con el Gobierno cubano es difícil, pero una actitud constructiva implica tomar ese reto. Hemos logrado una conversación en la Sección de Intereses en Washington con civilidad. En la reunión de Octubre del 2011 se nos dijo que apreciaban nuestras ideas pero que no nos olvidáramos que la soberanía estaba en Cuba, no en la emigración. Nuestra postura fue de rechazo a esa posición, insistiendo en que la soberanía estaba en la nación, que incluía tanto al pueblo en la Isla —que es la mayoría—, como a la emigración.

Otros puntos presentados fueron el énfasis en un nacionalismo incluyente, en el que no solo tenga cabida la ideología comunista, sino toda aquella que mantenga como principio básico una adhesión a la soberanía de Cuba como asunto no negociable (esos que nos llaman “plattistas”, debían ver algunas de nuestras intervenciones en la Sección de Intereses de Washington). Se planteó también la pertinencia de que el Gobierno cubano emita disculpas oficiales a personas que han sido victimizadas, tales como los homosexuales. Este proceso debe acompañar los loables esfuerzos presentes por erradicar la homofobia.

¿No sería este acaso el punto de partida para una actitud de respeto a la diversidad de opiniones y el pluralismo, que preocupa tanto a HD como a nosotros? Si la nueva izquierda “unipolar“ de HD ha logrado algún diálogo productivo con la embajada cubana en Santo Domingo, que nos informe. Hasta ahora lo único que ha hecho es cuestionar desde el butacón los esfuerzos de los que han defendido los viajes familiares, sin proponer —como él reconoce— ni estrategia, ni mapa, ni ruta.

CAFE reivindica la pluralidad de voces en la diáspora cubana sin abrogarse su representación. Como cubano-norteamericanos partidarios de una política de acercamiento y diálogo, abogamos por un reconocimiento de nuestra posición, pero no reclamamos monopolio alguno. Si Haroldo Dilla u otros cubanos en República Dominicana o Washington entablan otros diálogos con el Gobierno y la sociedad cubanos, sobre otras bases, no nos opondremos a los mismos. Por nuestra parte, seguiremos abogando por una agenda de cambio específico de la política norteamericana hacia Cuba y de Cuba hacia los cubanos que viven en la diáspora. Ese 60 % de la población cubano-americana, para el cual perder la posibilidad de ver a sus familiares en Cuba sí es parte del problema, no va a ser ignorado nunca más. CAFE seguirá adelante, sin presunciones ni protagonismos, pero con la certeza de que existe para ser parte de la solución.

CAFE en Washington

We Put the CAFE

Response to Haroldo Dilla's “You Want Café?” , published in CUBAENCUENTRO.
María Isabel Alfonso
Translation by Sophia Crabbe-Field (WOLA Washington Office on Latin America).



On the 16th and 17th of April, the community organization CAFE (Cuban Americans for Engagement) visited the Department of State, the Cuban Interests Section and Capitol Hill, in order to express their support for a continued relaxation of travel restrictions as well as academic and cultural exchanges to Cuba, as approved by President Barack Obama. Nevertheless, the CAFE delegation, a representation of more than a hundred members, emphasized that the Cuban-American community is composed of a plurality of voices, whose views on issues ranging from the embargo to travel, differ from those positions held by Senators and Congressmen including Cuban-Americans Marco Rubio, David Rivera, Albio Sires, Ileana Ros-Lehtinen, Bob Menéndez and Mario Diaz-Balart.

The support CAFE has received through e-mails and phone calls has been overwhelming. As much from Florida as from other states across the nation, both Cuban-Americans and North Americans have demonstrated their appreciation of our work on the Capitol. Many among the latter have requested to join us. The challenge is to organize political voices up until now ignored by those in the Senate and Congress, who have claimed to represent the entirety of the Cuban-American community, without actually possessing political jurisdiction over this population.

There are Cuban-Americans living throughout the American union. According to the country’s political system, citizens elect their Congressmen and Senators through their respective districts and states. It is time to organize this movement of people that, for the most part, disagree with this policy isolation and minimal exchange with Cuba. Republicans, Democrats, independents, as well as Cubans of other political affiliations living in the United States, are compelled by CAFE to exercise their rights as citizens and, therefore, to vote. 

So far, Cuban-American representatives in Congress have decided to represent the voices of a declining minority. These groups are certainly entitled to their opinions, but have done so in a way which has fostered an environment contrary to the expression of a political plurality among the Cuban-American population. These voices are meant to intimidate, they are McCarthyist and lacking in civility, demanding punishment for Ozzie Guillén, Juanes and Olga Tañón, condemning the visit of the Pope to Cuba while at the same time considering Posada Carriles and Orlando Bosch as exiled heroes. CAFE and many other members of the Cuban-American community have felt it necessary to distance themselves from these views which, to our shame, reflect the voices of this minority and are echoed by Congressmen such as David Rivera.

We are not dealing with a generational conflict. As highlighted in the Human Rights Watch report “Dangerous Dialogue” on freedom of expression in the Cuban-American community, Cubans of all migratory waves have been victims of the aggressions perpetrated by groups that have made intransigence and violence a profession of faith. In this sense, one must appreciate how many of those who, until now, adopted positions which were opposed to reconciliation, have decided to give dialogue a chance. The presence of Carlos Saladrigas, founder of the Cuban Study Group, at the Centro Félix Varela in Havana is one notable example.

Another surprise was the visit to the island of Alfonso Fanjul, on a recent delegation with the Brookings Institute, whose objective was to “verify” the reform process underway. (The contributions in Washington of the Fanjul have created an important turning point in the continuation of the embargo. The brothers, owners of the Florida-based Crystal Sugar, were at the head, for many years, of a sugar empire in the United States, earning them the title of “sugar barons”. In Florida, environmental organizations accuse the Fanul of the devastation being caused to the ecosystem in the Everglades through an indiscriminate use of fertilizers. Their companies in Florida and the Dominican Republican have been repeatedly accused of violating worker’s rights).

TV Martí and Haroldo Dilla: selective journalism

During a recent report on TV Martí, Ana Carbonell, assistant to ex-Congressman Lincoln Diaz-Balart, claimed that CAFE is proposing negotiations with Cuba without taking into account the need for political reform on the island. In CUBAENCUENTRO, Haroldo Dilla, former researcher for the CCP (Cuban Communist Party) Central Committee, denounced the politics and ethics of CAFE as “confusing our rights as citizens with the lowering of tariffs or with the possibility of an entrepreneur investing in the Cuban economy.” He goes further still, accusing the members of the group of belonging to Cubadebate, site of the ideological department of the CCP, of which he himself was a member. (If Cubadebate wishes to publish anything that any one of us writes, they are more than welcome to, as this would be a symbol of openness on their part. The truth is that our articles featured on Cubadebate exist only in the mind of Dilla, who may be confused due to his own history of writing publications for the CCP. We invite Dilla to present proof of these accusations.)

A lack of viable alternatives, both through the traditional Right, as represented by TV Martí, as well as through the resentment exhibited by ex-Communist Haroldo Dilla, coincides with the insistence on positions that have failed to achieve any real breakthrough across the past fifty years of hostilities. The definition of insanity, according to Albert Einstein, is repeating the same thing over and over, while hoping for a different result. When will this finally be understood?

As an expression of this new approach to solving political dilemmas both within Cuba as well as in the United States’ policy towards the island, CAFE welcomes criticism. None of our members, who are comprised of many more than the nine who were able to travel to Washington (while paying all of our own expenses) assume that we have found the best way to foster dialogue with the governments of Cuba and the United States. The solution to the conflict between the two countries and among Cubans will not be the product of a single act, but instead of a process involving a path towards reconciliation which requires the humility of all parties involved. A sharing of ideas calls for a minimum of civility. Only someone with no viable proposals would resort to that kind of slander, calling us “favorite guests of the Cuban Interests Section in Washington”, or to accusations of providing Cuban-American investments to small and medium-sized businesses to “oppress the people”, as Dilla and Carbonell have alleged. 

The members of CAFE have never spoken out against the civil rights of Cubans. On the issue of travel rights, CAFE. advocates that travel rights be respected for both Cubans as well as North Americans, as enshrined in the Universal Declaration of Human Rights. Travel from and to Cuba and the United States is prohibited in both countries. In relation to the political system currently prevailing on the island, various members of our group reiterated during the meetings on the 16th and 17th of April that a policy of exchange and dialogue is a better way of fostering economic and political change in Cuba. In addition, the group presented concrete demands to the government of the island, through which we criticized those practices we consider discriminatory and damaging to Cuba’s development and to national reconciliation. Having said this, let us assume that the path will be one of civilized dialogue, facilitating an environment of peace and rapprochement, free of seditious intent, thus engendering the least traumatic of transformations.

The four measures proposed by the Cuban government do not consist in a fully-fledged plan, but instead in minor, yet pertinent, decisions that remain noteworthy even under the oppressive conditions of the United States embargo. We do not shy away from recognizing, together with the Cuban government, as well as the overwhelming majority of the international community, that the United States policy of sanctions and harassment against Cuba is “illegal, immoral and counterproductive.” Worse yet, it is simply anti-American to sacrifice the values and interests of North Americans for a minority more interested in the reclaiming of property and power, than in the transition to democracy. Our preference for gradualism and for small and medium-sized property is based on the fact that it is through the middle and working classes, and not through larger interests, whose dialogue with Cuba is questioned neither by TV Martí, nor by neo-Leftist Dilla, that development and democracy emerge.

Rather than creating rhetoric and making broad proclamations of principles, we prefer instead to contribute to a change in migratory policy and the increased participation of Cuban-Americans in the changes being undertaken on the island. Hopefully, Haroldo Dilla is right and the Cuban government intends to plan for greater changes than we have suggested. Our suggestions have not consisted in a radical plan of action, but rather in minor suggestions, that, despite difficult conditions, such as those imposed by the North American embargo, Cuba must undertake. The worst would be, when confronted with radical positions such as those of Dilla, to allow for the paralysis of principles, and to be left without awareness of the true agencies of power. 

It is regrettable to note the way in which Radio and TV Martí ignore or treat unilaterally themes which actually generate diverse opinions within the Cuban-American community, such as Cardinal Ortega’s conference at Harvard, the prohibition on travel to Cuba or the recent terrorist actions against flights to Cuba in Miami. U.S. tax dollars are being used being used to subsidize McCarthyist attacks against the reputation of U.S. citizens, offering every opportunity to those opposed to dialogue, without regard for those who defend it. It is time for this station, paid for with our taxes, to treat with equality all points of view within the Cuban community: radicals of all persuasions as well as moderates, those that support a policy of isolation and those who oppose it.

All these manipulations and insults further justify the existence of CAFE. The best contribution of the Cuban-American community to Cuban democracy is to be a political model, where all opinions are respected and tolerated as enshrined in the First Amendment of the U.S. Constitution.

According to a 2011 survey carried out by the International University of Florida, limited to Cuban-Americans from the Miami Dade County, 57% favor an end to the travel ban, another 60% oppose any restriction on family travel, while 57% support the reestablishment of diplomatic relations with Cuba. One of the principal objectives of CAFE is to make more visible this under-represented majority of Cuban-Americans. Whoever considers themselves a part of this new conversation should not hesitate to accept our invitation to join the dialogue, and send us an e-mail at contacto@cafeporcuba.com. We put the CAFÉ.

Nosotros ponemos el CAFÉ

Réplica al artículo ¿Gusta Café?, de Haroldo Dilla Alfonso, publicado en CUBAENCUENTRO
El 16 y 17 de abril, la organización comunitaria C.A.F.E. (Cuban Americans for Engagement) visitó el Departamento de Estado, la Sección de Intereses de Cuba y el Capitolio en Washington, para expresar su apoyo a la flexibilización de viajes e intercambios académicos y culturales aprobados por el presidente Barack Obama. A la vez, la delegación de C.A.F.E., en representación de más de un centenar de miembros, clarificó que la comunidad cubano-americana está integrada por una pluralidad de voces cuyos puntos de vista con respecto a temas como el embargo y los viajes, discrepan de las posiciones defendidas por los senadores y congresistas cubano-americanos Marco Rubio, David Rivera, Albio Sires, Ileana Ros-Lehtinen, Bob Menéndez y Mario Diaz-Balart.
El apoyo expresado a C.A.F.E a través de correos electrónicos y llamadas telefónicas ha sido abrumador. Tanto desde la Florida como desde otros estados de la nación, cubano-americanos y norteamericanos agradecen nuestra gestión en la capital. Muchos de estos últimos preguntan si pueden ser parte del grupo. El reto está en organizar y canalizar políticamente voces hasta ahora ignoradas por aquellos que en el Senado y el Congreso, dicen representar, al referirse a la comunidad cubano-americana como un todo, sin tener, en realidad, jurisdiccionalidad para ello.

Existen comunidades cubano-americanas por toda la unión americana. Según el sistema de este país, los ciudadanos eligen a sus congresistas y senadores por sus respectivos distritos y estados. Es hora de organizar ese caudal que mayoritariamente discrepa de las políticas de aislamiento y reducción de intercambios con Cuba. Republicanos, demócratas, independientes y de otras afiliaciones políticas, los integrantes de C.A.F.E. han llamado a los cubanos residentes en EEUU a nacionalizarse y votar.
Hasta el momento los representantes de origen cubano-americano en el Congreso han decidido ser voz de una minoría cada vez más en declive. Estos grupos que tienen, ciertamente, su derecho a opinar, lo han hecho, sin embargo, creando un ambiente negativo a la expresión de la pluralidad política cubano-americana. Son las voces intimidadoras, macartistas y carentes de civilidad, que piden a gritos castigos para Ozzie Guillén, Juanes y Olga Tañón; que condenan la visita del Papa a Cuba, y que a la vez ven a Posada Carriles y a Orlando Bosch como héroes del exilio. C.A.F.E. y muchos otros miembros de la comunidad cubano-americana hemos sentido la necesidad de tomar distancia de ellos, ya que para vergüenza nuestra, congresistas como David Rivera se hacen eco de estas minorías.

No se trata de un enfrentamiento generacional. Como demuestra el informe “Dangerous Dialogue” de Human Rights Watch sobre la libertad de expresión en la comunidad cubano-americana, cubanos de todas las olas migratorias han sido víctimas de agresiones de los grupos que han hecho de la intransigencia y la violencia una profesión de fe. En este sentido, es de alabar cómo muchos de quienes hasta ahora habían adoptado posiciones en contra de la reconciliación, deciden dar al diálogo una oportunidad. Es notable, por ejemplo, la reciente presentación del empresario Carlos Saladrigas, fundador del Cuba Study Group, en el Centro Félix Varela en La Habana.

Sorprendente es también el viaje de Alfonso Fanjul a la Isla, en una reciente comisión de la Brookings Institution, cuyo objetivo fue “verificar” el proceso de reformas que toman lugar. (Las contribuciones de los Fanjul en Washington han sido un pivote importante en la perpetuación del embargo. Los hermanos, propietarios de Florida Crystal Sugar, encabezan ya desde hace muchos años el emporio del azúcar en Estados Unidos, lo cual les ha valido calificativos como el de “sugar barons.” En la Florida, organizaciones ambientalistas acusan a los Fanjul de la devastación causada al ecosistema de los Everglades por el uso indiscriminado de fertilizantes. Sus compañías en la Florida y la República Dominicana han sido denunciadas reiteradamente por violaciones de los derechos de los trabajadores).

TV Martí y Haroldo Dilla: un periodismo selectivo
En un reciente reportaje de TV Martí, Ana Carbonell, asistente del ex congresista Lincoln Diaz-Balart, expresó que C.A.F.E. propone una negociación con Cuba sin tener en cuenta la necesidad de reformas políticas en la Isla. En CUBAENCUENTRO, Haroldo Dilla, ex investigador del Comité Central del PCC, ha denunciado la política y la ética de C.A.F.E. al “confundir nuestros derechos ciudadanos con la rebaja de aranceles o con la posibilidad de un empresario de invertir en la economía cubana”. Va aún más lejos al acusar a los miembros del grupo de trabajar para Cubadebate, sitio del departamento ideológico del Comité Central del PCC, al cual él sí perteneció. (Si Cubadebate quiere publicar algo que alguno de nosotros escriba, se agradecería, pues representaría un signo de apertura de su parte. Lo cierto es que nuestros artículos en Cubadebate solo están en la mente de Dilla, quien quizás se confunde con el tiempo en que escribía para las publicaciones del PCC. Invito a Dilla a que presente alguna prueba de sus acusaciones).

Como carecen de alternativas viables, tanto la derecha tradicional representada por TV Martí como el resentimiento ex comunista de Haroldo Dilla coinciden en la insistencia en posiciones que no han obtenido ningún avance en más de cincuenta años de hostilidad. La definición de locura —según Albert Einstein— es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes. ¿Cuándo lo entenderán?

Como expresión de una nueva manera de abordar los dilemas políticos de Cuba y la política de EEUU hacia la Isla, C.A.F.E. da la bienvenida a críticas. Ninguno de sus miembros —que son muchos más que los nueve que pudimos viajar a Washington, pagando todos nuestros gastos—, asume que conoce la mejor manera de dialogar con los gobiernos de Cuba y EEUU. La solución de los conflictos entre ambos países y entre los cubanos no es cuestión de un acto sino de procesos en los que es necesaria una metodología de reconciliación a través de la humildad de todas las partes involucradas. Un debate de ideas reclama un mínimo de civilidad. Sólo quien carece de propuestas acude a infamias como la de llamarnos “comensales predilectos de la oficina de intereses de Cuba en Washington”, o a acusaciones sobre promover inversiones de cubano-americanos en pequeñas y medianas empresas “para oprimir más al pueblo”, como festinadamente afirman Dilla y Carbonell respectivamente.

Los integrantes de C.A.F.E. no se han pronunciado jamás en contra de los derechos ciudadanos de ningún cubano. En el tema de los derechos de viaje, C.A.F.E. aboga porque se respeten los derechos de viaje tanto de cubanos como de norteamericanos, de la forma consagrada en la Declaración Universal de Derechos Humanos, y porque no se prohíban ni salidas ni entradas; ni aquí ni allá. En relación al sistema político prevaleciente en la Isla, varios integrantes reiteraron en las reuniones del 16 y 17 de abril que una política de intercambio y diálogo es la mejor manera de favorecer cambios económicos y políticos en Cuba. Asimismo, el grupo presentó demandas concretas al Gobierno de la Isla, al cual criticamos por aquellas prácticas que consideramos discriminatorias y dañinas al desarrollo de Cuba y la reconciliación nacional. Dicho esto, asumimos que el camino es el diálogo civilizado, facilitando un ambiente de paz y acercamiento, ajeno a propósitos subversivos, en el que los cambios sean menos traumáticos.

Las cuatro medidas propuestas al Gobierno cubano no son un plan máximo, sino decisiones mínimas que son pertinentes incluso en las condiciones opresivas del embargo norteamericano. No nos ocultamos para reconocer junto al Gobierno cubano y la inmensa mayoría de la comunidad internacional que la política norteamericana de sanciones y acoso contra Cuba es “ilegal, inmoral y contraproducente”. Peor, también es antinorteamericana al sacrificar los valores e intereses norteamericanos a una minoría más interesada en la reclamación de propiedades y el poder, que en una transición democrática. Nuestra preferencia por la gradualidad y la pequeña y mediana propiedad se basa en que es en esos espacios de clase media, en los trabajadores —y no en los grandes capitales como los de Fanjul (a quien ni TV Martí ni el neo-izquierdista Dilla cuestionan por su diálogo con Cuba)—, donde el desarrollo y la democracia toman asiento.

Más que proclamar principios o puntos retóricos, nos interesa contribuir a una diferencia tanto en la política migratoria como en las posibilidades de participación de los cubano-americanos en los cambios que tienen lugar en la Isla. Ojalá Haroldo Dilla tenga razón y el Gobierno cubano planifique cambios más profundos que los que sugerimos. Nuestras propuestas nunca han sido un plan máximo, sino apenas una sugerencia mínima, de lo que aún en condiciones difíciles como el embargo norteamericano, Cuba debe hacer. Lo peor sería que ante posiciones maximalistas como las de Dilla, sigamos en la parálisis de principios, sin mapa ni ruta ni consciencia de los factores de poder.
Es lamentable cómo Radio y TV Martí ignoran o tratan unilateralmente temas que generan opiniones diversas dentro de la comunidad cubano-americana, tales como la conferencia del Cardenal Ortega en Harvard, la prohibición de viajar a Cuba o la reciente acción terrorista contra una agencia de vuelos fletados a Cuba en Miami. Los impuestos de los contribuyentes estadounidenses son usados así para subsidiar ataques macartistas contra la reputación de ciudadanos norteamericanos, ofreciendo todas las facilidades a los opuestos al diálogo sin consideración alguna para aquellos que lo defienden. Es hora de que esta emisora, pagada con nuestros impuestos, trate en condiciones de igualdad todos los puntos de vista dentro de la comunidad cubana: los radicales de cualquier signo y los moderados; los que apoyan la política de aislamiento y los que la rechazan.

Todas las manipulaciones e insultos justifican aún más la razón de ser de C.A.F.E. La mejor contribución de la comunidad cubano-americana a la democracia en Cuba es ser un espacio político modelo, donde todas las opiniones son respetadas y toleradas como está consagrado en la primera enmienda de la Constitución de EEUU.

Según la encuesta de 2011 de la Universidad Internacional de la Florida, limitada a cubano-americanos del condado Miami Dade, 57 % de los mismos favorecen el fin de la prohibición de viajar, el 60 % se opone a toda restricción de los viajes familiares, mientras el 57 % apoya el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. Uno de los objetivos principales de C.A.F.E. es hacer visible la poca representatividad de este grupo mayoritario de cubano-americanos. Quien se considere parte de esta nueva conversación, que no dude en confirmar invitación a nuestra mesa de diálogo, enviando un correo a contacto@cafeporcuba.com. Nosotros ponemos el CAFÉ.

Monday, October 17, 2011

Crónicas del Encuentro Nacional con Jóvenes Cubanos Residentes en los Estados Unidos. Sección de Intereses de Washington.

El 14 y el 15 de octubre del 2011 tuvo lugar en la Sección de Intereses de Cuba en Washington el “Encuentro Nacional con Jóvenes Cubanos Residentes en los Estados Unidos.” El evento contó con la participación de ponentes residentes en los Estados Unidos, y fue clausurado por el embajador Jorge Bolaños, quien encabeza el cuerpo diplomático de la Sección, con una intervención seguida por un diálogo con los participantes. Comparto aquí algunas notas sobre la reunión y las sesiones en las que participé.
Primer Día
Después de la inauguración, se presentó la película El ojo del canario, sobre la juventud de José Martí, a lo que siguieron las ponencias de José Barreiro, ex –“Peter Pan”, y actual director de la Oficina de Latinoamérica del Natural Museum of the American Indian de la  Smithsonian, y de Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Denver. El panel contó con la moderación de Yaniel Pérez, diplomático de la Sección. 

En su intervención, el profesor López-Levy enfatizó que con la independencia de Cuba y la unión antillana, Martí buscaba  la paz entre las dos partes del continente americano y con ello el “equilibrio del mundo.  Martí, que admiraba y a la vez criticaba a la sociedad y el gobierno norteamericanos,  promovía una relación cordial de Cuba con EE.UU basada en los principios del “conocimiento” como vecinos y el respeto  a su soberanía y autodeterminación. 

El doctor José Barreiro describió el papel singular del héroe nacional cubano en la lucha por el reconocimiento de los derechos indígenas.  Barreiro recordó la premonitoria contribución martiana en enfatizar el uso de los tratados como instrumento para reclamar los compromisos contraídos. Llamó a conocer mejor las conexiones entre las propuestas martianas, incluyendo las museológicas,  y la trayectoria reivindicativa de los derechos comunitarios y civiles de las diferentes naciones indias en EE.UU y todo el hemisferio. 

Ante una pregunta sobre la vigencia del pensamiento martiano en el tema de las relaciones entre Cuba y su emigración, López-Levy se refirió al principio de que la primera ley de la republica debía ser el respeto a “la dignidad plena del hombre”, lo que implica un tratamiento digno de las autoridades hacia todos los cubanos, incluyendo los emigrados y de cualquier cubano hacia otro. López-Levy enfatizó que en la lucha por una república soberana, la fórmula de amor triunfante martiana “Con todos y para el bien de todos”  tenía plena vigencia, tal y como la pensó el Apóstol, desde una matriz nacionalista. 

Recordó que en el proyecto nacionalista y republicano, inspirado por el pensamiento de Martí, debe haber espacio para múltiples tendencias ideológicas, no solo las comunistas. En ese sentido, llamó a abrir los procesos de apertura y reforma en Cuba a la participación de todos los cubanos patriotas, con la sola condición que reconozcan la soberanía de Cuba, y rechacen los  engendros plattistas como la ley Helms-Burton y el embargo, sin aliarse con los que los apoyan.  

A propósito de la intervención del doctor Barreiro, Max Lesnik recordó como la defensa cubana de su soberanía había impedido que la expansión estadounidense convirtiera a Cuba en un espacio para casinos como había ocurrido con la degradación impuesta a los indígenas por los abusos cometidos por el gobierno estadounidense.  Lesnik dijo que Martí previó la importancia central para Cuba de ser un país soberano y de unir a todos los independentistas.  El doctor Barreiro enfatizó la importancia de reconocer que la soberanía cubana estaba en Cuba. 

El día concluyó a golpe de timba y trova, con la excelente actuación del grupo infantil “La Colmenita”, coincidentemente de gira por los Estados Unidos. (Tal actuación se dio gracias a la generosidad del cubano-americano Geo Darder, uno de los participantes en el evento, quien financió el transporte de los niños a Washington.)

Segundo Día
El segundo día transcurrió con dos paneles: uno en la mañana, titulado: “Cuba, nuestra gran familia: construyendo puentes de amor y de justicia”, con Mario Robaina, José Pertierra, Geo Darder, y Tito Gelabert como moderador. En la tarde se proyectó el documental de Vivian Lesnik Weisman “El hombre de las dos Habanas”,  filme que aborda las vicisitudes de un periodista  cubano que vive en Miami, y sin ser comunista, es atacado (literalmente), por el macartismo vigilante del exilio radical. El filme es narrado por Vivian, la hija del periodista, quien busca entender no tanto el tema de Cuba en sí,  sino la pasión que despierta tal asunto en su padre. El documental es una acusación no sólo a los exiliados terroristas, sino también a la falta de principios a favor de la libertad de expresión, los valores familiares y la coerción a los derechos de viaje, ejercidos por un segmento considerable del exilio cubano, la prensa y hasta las autoridades en la ciudad de Miami. 

Se inició después la etapa final del evento con la participación del embajador Jorge Bolaños, quien se refirió a algunas de las transformaciones y reformas que están tomando lugar en la isla, así como a otros temas de interés general. Junto a él se encontraba el embajador Benigno Pérez, director de la División de Atención a Residentes Cubanos en el Exterior (DACRE).  Bolaños hizo un recuento sobre el estado de las relaciones Cuba-EE.UU, reconociendo algunos avances de la administración Obama con relación a su predecesor, George W. Bush, pero lamentando no poder avanzar más en un proceso de normalización de relaciones y entendimiento entre los dos países.  

Cuando se abrió el panel a las preguntas y comentarios del público, Romy Aranguiz, doctora cubana quien realiza su especialización en reumatología en la Universidad de Massachusetts, inauguró la ronda preguntando si las reformas migratorias estaban ponderando una apertura hacia los médicos cubanos que eran considerados “desertores” y como tal, se les negaba el permiso de entrada a Cuba. Aranguiz pidió que se reconsiderara esa política, pues era importante encontrar fórmulas humanitarias, que facilitaran las visitas de esos médicos a sus familias, acercándolos así a las posiciones que procuran el fin de la hostilidad y el aislamiento contra Cuba.  

Los embajadores Bolaños y Benigno Perez dijeron que se estaban estudiando reformas importantes que incluían en su actual discusión temas muy difíciles como el planteado sobre los médicos. Bolaños argumentó que esa discusión interna por sus propias razones, no por presiones externas, se facilitaría si no hubiesen programas de agresión como los destinados a promover la deserción de personal de salud cubano, incluso en las difíciles condiciones de la cooperación en Haití, donde Cuba ha sido la pieza clave para enfrentar la crisis humanitaria, hecho reconocido incluso por la propia administración Obama. 
 
En mi comentario expresé que probablemente, de quienes estábamos ahí, casi ninguno compartía una visión marxista-leninista, y que ello no nos debería quitar el derecho a tener una voz para discutir los temas de nuestra nación, de la cual no nos sentíamos menos partícipes por ser emigrados. En este respecto, comenté sobre la emergencia de voces alternativas dentro del exilio cubano-americano, que condenan, también sin vacilar, la hostilidad terrorista que ha dado acogida a capítulos horrendos de nuestra historia como el atentado de Barbados en  1976, y a la vergüenza de que sus perpetradores hayan sido protegidos por los sectores dominantes del exilio cubano y el gobierno de Estados Unidos. Expresé que cada vez somos más los emigrados que rechazamos el silencio cómplice del exilio de Miami, sobre éste y otros episodios de su historia de violencia, incluidos los ataques contra aquellos que optaron por el dialogo, opción por la que nos pronunciamos.

Completé mi intervención arguyendo, desde la autoridad de me confería mi repudio a esos abusos, mi derecho, como ciudadana cubana, a plantear también críticas y sugerencias al gobierno cubano, las cuales podrían coadyuvar a la fomentación de una cultura del diálogo y la no violencia. Entre ellas, mencioné la necesidad de un perdón oficial, por parte del gobierno, de aquellos que han sido víctimas de maltratos. Como ejemplo, presenté el caso de la homosexualidad. No era suficiente adoptar una actitud celebratoria hacia la homosexualidad, como está haciendo en este momento en Cuba. Era loable, pero no suficiente. Expresé que muchas personas habían sido víctimas de maltratos por su condición homosexual, sobre todo en las primeras décadas de la Revolución y que ahora, desde el presente, viviendo en puntos distantes del planeta, aún cargaban el trauma de sentirse hijos rechazados de su patria. Una disculpa oficial sentaría las bases para un diálogo reconciliatorio legítimo. 

El profesor López-Levy, por su parte, enfatizó que los cubano-americanos entendíamos la importancia de luchar por una relación amistosa y cordial entre los dos países, que debe basarse en el respeto por la soberanía cubana, pero que el gobierno de Cuba debe tomar en cuenta la pluralidad ideológica existente en la emigración cubana, incluso entre muchos de los que nos oponemos al embargo y la ley Helms-Burton, y respetarla.  

López-Levy expresó que nuestro amor por Cuba es lo que nos lleva también a participar y opinar sobre los cambios necesarios en la isla, entendiendo que esas opiniones deben ser expresadas con respeto pero dejando claro que es nuestro derecho, como parte de la nación, presentar nuestra visión. “Los que estamos aquí queremos una política norteamericana que contribuya y haga menos difícil las reformas en Cuba, no que las obstaculice como ha hecho el embargo, pero queremos reformas sustanciales. La emigración no es algo distinto sino parte de la nación, por tanto, debemos participar en los procesos de reforma que están teniendo lugar en Cuba”, expresó.

Consecuentemente, señaló que el gobierno cubano muchas veces piensa sus relaciones con la emigración en términos de “un paquete cerrado que se nos entrega y que debemos de aceptar.” En ese sentido, aludió a los altos precios de los trámites de viaje, permisos y pasaportes, y a la necesidad de una reducción de los mismos a un costo racional, con vistas a contribuir al mencionado proceso de acercamiento entre ambas partes. “Viajar a la isla es quizás la experiencia más movilizadora entre los cubano-americanos contra la prohibición de viajar y el embargo” --adujo. “Por tanto, es importante que se fomenten los viajes de cubanos a la isla, eliminando cualquier barrera que no sea estrictamente necesaria para la defensa del país.” 

Aimel Ríos Wong y otros jóvenes cubano-americanos se dirigieron a Bolaños después de sus respuestas a algunas de nuestras preguntas, diciéndole que apreciaban la reunión pero que ya estaban cansados del “teque”, tanto de la ultraderecha cubano-americana, como el de una ultra-izquierda ortodoxa en Cuba. Ríos Wong criticó que faltaban propuestas concretas sobre cómo se va a cambiar las leyes migratorias cubanas. Que era hora de comenzar un nuevo diálogo en que se tomaran en cuenta legítimamente a todas las partes, y que ellos debían darnos tanto a nosotros como a los jóvenes en la isla el acceso a una mayor participación.  Un joven cubano-americano dijo que era hora de dejar de  guiar la política entre los cubanos y los cubano-americanos por las confrontaciones de otras épocas, que hay que dejar a los jóvenes promover su agenda de paz y reconciliación. 

Andrés Ruiz, empresario cubano-americano y estudiante de Maestría en Business Administration de la Universidad de Clerk,  de Massachusetts, criticó el hecho de que los cubanos puedan permanecer sólo 11 meses residiendo fuera de Cuba. Llamó a que “con todo respeto” se considere lo beneficioso que sería para Cuba  eliminar esa restricción, permitiendo el regreso a Cuba –sin límites de tiempo-- de aquellos emigrados que lo deseen. “Yo mismo quisiera poner a disposición de mi país, en un futuro cercano, los conocimientos que estoy adquiriendo en este Masters, los elementos de finanzas, de comercio, de marketing, que en definitiva, Cuba necesita”.

Bolaños, respondió de manera cordial a todos nuestros comentarios: “No tengo objeción a lo que has dicho”, me expresó. “Estamos haciendo reformas; estamos haciendo cambios. No sabemos concretamente que va a pasar con los médicos, pero todo se está valorando.” El embajador explicó que habían cuestiones que cambiarán con las épocas, y que todos los cambios no se pueden hacer a la vez, que también hay que respetar las concepciones de personas que se han sacrificado mucho por Cuba en décadas “excepcionales” de resistencia al bloqueo más extenso contra un país, y que esa agresión permanente nunca se puede olvidar del análisis como no se puede sacar cálculos de matemática desapareciendo el número cinco.

En muchos casos, Bolaños se manifestó abierto a conversar sobre los planteamientos, sin apoyarlos en su conjunto pero reconociendo razón en muchos de ellos. En algunas situaciones sus respuestas fueron vagas, ciertamente, pero la ganancia, creo, no está tanto en el contenido, como en el hecho de que se entabló un diálogo de desafío respetuoso, de intercambio cordial de ideas, dentro de un marco de diferencias ideológicas.  

En una conversación informal con el embajador justo al finalizar la sesión, se hizo evidente que la actitud entre los propios funcionarios ante los emigrados es diferente. Paradójicamente, un funcionario diplomático mucho más joven arguyó que la soberanía estaba en Cuba y que tenía que “aclararnos” que, por mayoría, son los cubanos en la isla, no nosotros,  los que tienen el derecho a reclamar cambios en la isla. Agregó que los cubanos de afuera no van a imponer sus concepciones a los que viven en Cuba.  “Pero eso no es lo que ellos han dicho”, acotó el embajador Bolaños, quien agradeció el intercambio y la sinceridad de todos los participantes. 

Definitivamente, fue un encuentro provechoso.  Un grupo de cubanos emigrados en Estados Unidos nos sentimos escuchados  Ojalá que seamos más los emigrados que pedimos reformas en Cuba y una mejor política migratoria, pero que también denunciamos el terrorismo del exilio derechista y el embargo que aplican contra el pueblo de Cuba. Ojalá que en el gobierno cubano haya más diplomáticos dispuestos a dialogar.  Tengo la impresión que tanto nosotros como el embajador Bolaños queremos seguir conversando.

Wednesday, August 24, 2011

Los hijos de los revolucionarios y el fantasma de Shakespeare


En la escena X del drama isabelino, Hamlet confronta al fantasma de su padre, el cual se le aparece tras haber sido asesinado por Claudio, hermano del monarca. Desde la continua zozobra que lo aqueja, Hamlet increpa al espantajo:

“-¡Oh, respóndeme, no me atormentes con la duda! Dime, ¿por qué tus venerables huesos, ya sepultados, han roto su vestidura fúnebre? ¿Por qué el sepulcro donde te dimos urna pacífica te ha echado de sí, abriendo sus senos que cerraban pesados mármoles? ¿Cuál puede ser la causa de que tu difunto cuerpo, del todo armado, vuelva otra vez a ver los rayos pálidos de la luna, añadiendo a la noche horror? ¿Y que nosotros, ignorantes y débiles por naturaleza, padezcamos agitación espantosa con ideas que exceden a los alcances de nuestra razón? Di, ¿por qué es esto?”

Algunos hijos emigrados de ciertos revolucionarios  sufren, como Hamlet, por la reaparición del espectro de sus progenitores. Atormentados por una historia de la cual no deberían sentirse ni responsables ni avergonzados, entablan batalla contra espíritus de su propio linaje. Preocupados como están por no ser identificados con un pasado que les pesa, optan por no contribuir a un presente de reconciliación. Lo cual es paradójico pues junto a sus padres, participaron--muchas veces con marcado entusiasmo--, en las dinámicas mainstream del proceso revolucionario: publicaciones en editoras nacionales, premiaciones, cargos, puestos en reconocidas cátedras, pertenencia al canon…


Para exorcizar a sus fantasmas, asumen actitudes radicales, adoptando el lenguaje del lugar al cual llegan (un vocífero exilio, en el caso de Estados Unidos). Sus anfitriones, los viejos exiliados, son incapaces de entender sutilezas importantes que los hijos de los revolucionarios sí, puesto que aquéllos nunca más regresaron a Cuba. Pero éstos, los Hamlets de nuestro exilio, incorporan el lenguaje del terror por oportunismo.

Cuando vean a un hijo de un revolucionario convocando desde Miami, New Jersey u otro punto cómodo del planeta al levantamiento popular en Cuba, o repitiendo estribillos que exacerban el odio entre cubanos, pregúntese qué fantasmas estará tratando de borrar con el emplazamiento. Yo, que conozco a algunos de ellos, les aseguro que el llamado tiene casi siempre motivaciones más torcidas de lo que aparentan.

Monday, August 15, 2011

Pablo: en Miami también eres querido

El ala radical del exilio cubano en Miami ha escogido nuevamente darle la espalda al sentido común, al solicitar a las autoridades de esa ciudad la cancelación del concierto de Pablo Milanés el próximo 27 de agosto, el cual ha sido auspiciado por Hugo Cancio, presidente de Fuego Entertainment y del Cuba Business Development Group Inc.

Integran el elenco de opositores organizaciones de corte diverso. Por un lado, la ya pintoresca Vigilia Mambisa, la cual pasó a ser parte de los anales de esa ciudad en el 2009, al rentar una aplanadora para destruir los discos de Juanes durante el concierto del colombiano en La Habana. (Al parecer un ala de Vigilia autodenominada “Los Rockies” –cuyo ídolo es el personaje popularizado por Sylvester Stallone en el filme Rocky, de 1976— ha llegado a convertirse en un núcleo agitador dentro del grupo.)

Otras asociaciones como la Brigada de Asalto 2506, la Junta Patriótica Cubana, Exilio Unido Ya, el Frente Nacional Presidio Político Cubano y la Coordinadora Internacional de Ex Prisioneros Políticos Cubanos, han solicitado al alcalde del condado Miami-Dade la cancelación del evento, contando en ello con el apoyo del congresista cubano-americano David Rivera, a quien The Miami Herald ha dedicado recientemente varios artículos que abordan una investigación federal sobre manejos ilícitos de sus finanzas personales y campaña política.

No es casual que la mayoría de estos grupos, a raíz de las protestas, haya suscrito un documento en apoyo a la enmienda de Mario Díaz-Balart para derogar las medidas del presidente Barack Obama sobre los viajes y envíos de remesas a Cuba. Tampoco lo es que sea David Rivera el promotor de otra enmienda que se opone a la reunificación de las familias cubanas: responden todos a la misma política de asfixia de quienes prefieren poner intereses personales, muchas veces revanchistas, por encima de un necesitado proceso de reconciliación nacional a gran escala.

Hoy, estos intransigentes desaprovechan nuevamente la posibilidad de hacer historia, oponiéndose al concierto de Pablo. Su miopía política les impide entender que al asumir posturas de estrangulación y el aislamiento, lejos de propiciar un proceso de apertura, respaldan la radicalización de agendas anti-reformistas en la isla. ¿Será que siguen acariciando la idea del ajusticiamiento y el caos colectivo como única solución?

Pablo Milanés no es un disidente, pero tampoco es una vaca sagrada del oficialismo cubano. Desde el inicio de la Revolución hasta la fecha, ha asumido posiciones incómodas y ajenas al propagandismo fácil. En los 60s fue víctima de las UMAP. Tiene el mérito de haber inaugurado, a principios de los 90s, la segunda institución cultural de carácter autónomo en la Cuba pos-revolucionaria: la Fundación Pablo Milanés, la cual, aunque contó con respaldo en sus inicios, fue cancelada por los progresivos obstáculos oficialistas que enfrentaría. (Ediciones El Puente fue la primera institución de carácter autónomo en 1961, aunque serían finalmente co-optadas por la UNEAC en 1964).

Es difícil seguir la lógica torcida de los verticales del exilio. En el 2010, a raíz del concierto de Silvio Rodríguez en el Carnegie Hall, la emprendieron contra Rodríguez por haber firmado la carta de apoyo al fusilamiento de los tres jóvenes que secuestraron armados una lancha llena de pasajeros en el 2003, con el propósito de huir a EE.UU. Cuando Milanés, en cambio, expresa a El Nuevo Herald: “Fui el único que no la firmó porque no estuve de acuerdo con que los apresaran ni con que fusilaran a aquellos tres muchachos -negros por cierto- que se robaron la lancha [de Regla] y no mataron a nadie”, lo insultan y pretenden excluir con igual vehemencia.

Tampoco los reclamos del trovador de que el estado debe proteger la vida de sus ciudadanos, independientemente de la naturaleza de sus protestas (en el contexto de la muerte de Orlando Zapata Tamayo), mueven a la reflexión a los verticales.

En una competencia de valentía, ¿quién tuviera más mérito? ¿Los seguidores de Rocky Balboa, quienes acogiéndose a las garantías de la democracia, protestan contra Fidel desde el Versailles, o Pablo Milanés, quien presiona por transformaciones desde adentro, en el seno de una sociedad unipartidista?

El estribillo favorito de estos grupos es que el intercambio cultural no es tal intercambio, puesto que ni Gloria Estefan ni Willy Chirino han podido ir a cantar a Cuba, como tampoco lo pudo hacer Celia Cruz. Sin desestimar que en Cuba la tolerancia y el pluralismo deberían verse cada vez más no como demandas postergadas por la Guerra Fría, sino como el común denominador de los nuevos tiempos,  uno puede preguntarse también: ¿Qué han hecho estos artistas para establecer las bases de un intercambio fructífero? ¿Han denunciado la violencia e intolerancia en Miami? ¿Han manifestado sus condolencias a los familiares de las víctimas del sabotaje al vuelo 455 de Cubana de Aviación? ¿Han pedido alguna vez la supresión del embargo, cuyo blanco fundamental ha sido, no el gobierno sino las familias cubanas en la isla, las mismas que hoy Ileana Ros-Lehtinen, los Díaz-Balart, Marco Rubio, Bob Menéndez, David Rivera y otros, se empeñan en seguir castigando?