Monday, October 17, 2011

Crónicas del Encuentro Nacional con Jóvenes Cubanos Residentes en los Estados Unidos. Sección de Intereses de Washington.

El 14 y el 15 de octubre del 2011 tuvo lugar en la Sección de Intereses de Cuba en Washington el “Encuentro Nacional con Jóvenes Cubanos Residentes en los Estados Unidos.” El evento contó con la participación de ponentes residentes en los Estados Unidos, y fue clausurado por el embajador Jorge Bolaños, quien encabeza el cuerpo diplomático de la Sección, con una intervención seguida por un diálogo con los participantes. Comparto aquí algunas notas sobre la reunión y las sesiones en las que participé.
Primer Día
Después de la inauguración, se presentó la película El ojo del canario, sobre la juventud de José Martí, a lo que siguieron las ponencias de José Barreiro, ex –“Peter Pan”, y actual director de la Oficina de Latinoamérica del Natural Museum of the American Indian de la  Smithsonian, y de Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Denver. El panel contó con la moderación de Yaniel Pérez, diplomático de la Sección. 

En su intervención, el profesor López-Levy enfatizó que con la independencia de Cuba y la unión antillana, Martí buscaba  la paz entre las dos partes del continente americano y con ello el “equilibrio del mundo.  Martí, que admiraba y a la vez criticaba a la sociedad y el gobierno norteamericanos,  promovía una relación cordial de Cuba con EE.UU basada en los principios del “conocimiento” como vecinos y el respeto  a su soberanía y autodeterminación. 

El doctor José Barreiro describió el papel singular del héroe nacional cubano en la lucha por el reconocimiento de los derechos indígenas.  Barreiro recordó la premonitoria contribución martiana en enfatizar el uso de los tratados como instrumento para reclamar los compromisos contraídos. Llamó a conocer mejor las conexiones entre las propuestas martianas, incluyendo las museológicas,  y la trayectoria reivindicativa de los derechos comunitarios y civiles de las diferentes naciones indias en EE.UU y todo el hemisferio. 

Ante una pregunta sobre la vigencia del pensamiento martiano en el tema de las relaciones entre Cuba y su emigración, López-Levy se refirió al principio de que la primera ley de la republica debía ser el respeto a “la dignidad plena del hombre”, lo que implica un tratamiento digno de las autoridades hacia todos los cubanos, incluyendo los emigrados y de cualquier cubano hacia otro. López-Levy enfatizó que en la lucha por una república soberana, la fórmula de amor triunfante martiana “Con todos y para el bien de todos”  tenía plena vigencia, tal y como la pensó el Apóstol, desde una matriz nacionalista. 

Recordó que en el proyecto nacionalista y republicano, inspirado por el pensamiento de Martí, debe haber espacio para múltiples tendencias ideológicas, no solo las comunistas. En ese sentido, llamó a abrir los procesos de apertura y reforma en Cuba a la participación de todos los cubanos patriotas, con la sola condición que reconozcan la soberanía de Cuba, y rechacen los  engendros plattistas como la ley Helms-Burton y el embargo, sin aliarse con los que los apoyan.  

A propósito de la intervención del doctor Barreiro, Max Lesnik recordó como la defensa cubana de su soberanía había impedido que la expansión estadounidense convirtiera a Cuba en un espacio para casinos como había ocurrido con la degradación impuesta a los indígenas por los abusos cometidos por el gobierno estadounidense.  Lesnik dijo que Martí previó la importancia central para Cuba de ser un país soberano y de unir a todos los independentistas.  El doctor Barreiro enfatizó la importancia de reconocer que la soberanía cubana estaba en Cuba. 

El día concluyó a golpe de timba y trova, con la excelente actuación del grupo infantil “La Colmenita”, coincidentemente de gira por los Estados Unidos. (Tal actuación se dio gracias a la generosidad del cubano-americano Geo Darder, uno de los participantes en el evento, quien financió el transporte de los niños a Washington.)

Segundo Día
El segundo día transcurrió con dos paneles: uno en la mañana, titulado: “Cuba, nuestra gran familia: construyendo puentes de amor y de justicia”, con Mario Robaina, José Pertierra, Geo Darder, y Tito Gelabert como moderador. En la tarde se proyectó el documental de Vivian Lesnik Weisman “El hombre de las dos Habanas”,  filme que aborda las vicisitudes de un periodista  cubano que vive en Miami, y sin ser comunista, es atacado (literalmente), por el macartismo vigilante del exilio radical. El filme es narrado por Vivian, la hija del periodista, quien busca entender no tanto el tema de Cuba en sí,  sino la pasión que despierta tal asunto en su padre. El documental es una acusación no sólo a los exiliados terroristas, sino también a la falta de principios a favor de la libertad de expresión, los valores familiares y la coerción a los derechos de viaje, ejercidos por un segmento considerable del exilio cubano, la prensa y hasta las autoridades en la ciudad de Miami. 

Se inició después la etapa final del evento con la participación del embajador Jorge Bolaños, quien se refirió a algunas de las transformaciones y reformas que están tomando lugar en la isla, así como a otros temas de interés general. Junto a él se encontraba el embajador Benigno Pérez, director de la División de Atención a Residentes Cubanos en el Exterior (DACRE).  Bolaños hizo un recuento sobre el estado de las relaciones Cuba-EE.UU, reconociendo algunos avances de la administración Obama con relación a su predecesor, George W. Bush, pero lamentando no poder avanzar más en un proceso de normalización de relaciones y entendimiento entre los dos países.  

Cuando se abrió el panel a las preguntas y comentarios del público, Romy Aranguiz, doctora cubana quien realiza su especialización en reumatología en la Universidad de Massachusetts, inauguró la ronda preguntando si las reformas migratorias estaban ponderando una apertura hacia los médicos cubanos que eran considerados “desertores” y como tal, se les negaba el permiso de entrada a Cuba. Aranguiz pidió que se reconsiderara esa política, pues era importante encontrar fórmulas humanitarias, que facilitaran las visitas de esos médicos a sus familias, acercándolos así a las posiciones que procuran el fin de la hostilidad y el aislamiento contra Cuba.  

Los embajadores Bolaños y Benigno Perez dijeron que se estaban estudiando reformas importantes que incluían en su actual discusión temas muy difíciles como el planteado sobre los médicos. Bolaños argumentó que esa discusión interna por sus propias razones, no por presiones externas, se facilitaría si no hubiesen programas de agresión como los destinados a promover la deserción de personal de salud cubano, incluso en las difíciles condiciones de la cooperación en Haití, donde Cuba ha sido la pieza clave para enfrentar la crisis humanitaria, hecho reconocido incluso por la propia administración Obama. 
 
En mi comentario expresé que probablemente, de quienes estábamos ahí, casi ninguno compartía una visión marxista-leninista, y que ello no nos debería quitar el derecho a tener una voz para discutir los temas de nuestra nación, de la cual no nos sentíamos menos partícipes por ser emigrados. En este respecto, comenté sobre la emergencia de voces alternativas dentro del exilio cubano-americano, que condenan, también sin vacilar, la hostilidad terrorista que ha dado acogida a capítulos horrendos de nuestra historia como el atentado de Barbados en  1976, y a la vergüenza de que sus perpetradores hayan sido protegidos por los sectores dominantes del exilio cubano y el gobierno de Estados Unidos. Expresé que cada vez somos más los emigrados que rechazamos el silencio cómplice del exilio de Miami, sobre éste y otros episodios de su historia de violencia, incluidos los ataques contra aquellos que optaron por el dialogo, opción por la que nos pronunciamos.

Completé mi intervención arguyendo, desde la autoridad de me confería mi repudio a esos abusos, mi derecho, como ciudadana cubana, a plantear también críticas y sugerencias al gobierno cubano, las cuales podrían coadyuvar a la fomentación de una cultura del diálogo y la no violencia. Entre ellas, mencioné la necesidad de un perdón oficial, por parte del gobierno, de aquellos que han sido víctimas de maltratos. Como ejemplo, presenté el caso de la homosexualidad. No era suficiente adoptar una actitud celebratoria hacia la homosexualidad, como está haciendo en este momento en Cuba. Era loable, pero no suficiente. Expresé que muchas personas habían sido víctimas de maltratos por su condición homosexual, sobre todo en las primeras décadas de la Revolución y que ahora, desde el presente, viviendo en puntos distantes del planeta, aún cargaban el trauma de sentirse hijos rechazados de su patria. Una disculpa oficial sentaría las bases para un diálogo reconciliatorio legítimo. 

El profesor López-Levy, por su parte, enfatizó que los cubano-americanos entendíamos la importancia de luchar por una relación amistosa y cordial entre los dos países, que debe basarse en el respeto por la soberanía cubana, pero que el gobierno de Cuba debe tomar en cuenta la pluralidad ideológica existente en la emigración cubana, incluso entre muchos de los que nos oponemos al embargo y la ley Helms-Burton, y respetarla.  

López-Levy expresó que nuestro amor por Cuba es lo que nos lleva también a participar y opinar sobre los cambios necesarios en la isla, entendiendo que esas opiniones deben ser expresadas con respeto pero dejando claro que es nuestro derecho, como parte de la nación, presentar nuestra visión. “Los que estamos aquí queremos una política norteamericana que contribuya y haga menos difícil las reformas en Cuba, no que las obstaculice como ha hecho el embargo, pero queremos reformas sustanciales. La emigración no es algo distinto sino parte de la nación, por tanto, debemos participar en los procesos de reforma que están teniendo lugar en Cuba”, expresó.

Consecuentemente, señaló que el gobierno cubano muchas veces piensa sus relaciones con la emigración en términos de “un paquete cerrado que se nos entrega y que debemos de aceptar.” En ese sentido, aludió a los altos precios de los trámites de viaje, permisos y pasaportes, y a la necesidad de una reducción de los mismos a un costo racional, con vistas a contribuir al mencionado proceso de acercamiento entre ambas partes. “Viajar a la isla es quizás la experiencia más movilizadora entre los cubano-americanos contra la prohibición de viajar y el embargo” --adujo. “Por tanto, es importante que se fomenten los viajes de cubanos a la isla, eliminando cualquier barrera que no sea estrictamente necesaria para la defensa del país.” 

Aimel Ríos Wong y otros jóvenes cubano-americanos se dirigieron a Bolaños después de sus respuestas a algunas de nuestras preguntas, diciéndole que apreciaban la reunión pero que ya estaban cansados del “teque”, tanto de la ultraderecha cubano-americana, como el de una ultra-izquierda ortodoxa en Cuba. Ríos Wong criticó que faltaban propuestas concretas sobre cómo se va a cambiar las leyes migratorias cubanas. Que era hora de comenzar un nuevo diálogo en que se tomaran en cuenta legítimamente a todas las partes, y que ellos debían darnos tanto a nosotros como a los jóvenes en la isla el acceso a una mayor participación.  Un joven cubano-americano dijo que era hora de dejar de  guiar la política entre los cubanos y los cubano-americanos por las confrontaciones de otras épocas, que hay que dejar a los jóvenes promover su agenda de paz y reconciliación. 

Andrés Ruiz, empresario cubano-americano y estudiante de Maestría en Business Administration de la Universidad de Clerk,  de Massachusetts, criticó el hecho de que los cubanos puedan permanecer sólo 11 meses residiendo fuera de Cuba. Llamó a que “con todo respeto” se considere lo beneficioso que sería para Cuba  eliminar esa restricción, permitiendo el regreso a Cuba –sin límites de tiempo-- de aquellos emigrados que lo deseen. “Yo mismo quisiera poner a disposición de mi país, en un futuro cercano, los conocimientos que estoy adquiriendo en este Masters, los elementos de finanzas, de comercio, de marketing, que en definitiva, Cuba necesita”.

Bolaños, respondió de manera cordial a todos nuestros comentarios: “No tengo objeción a lo que has dicho”, me expresó. “Estamos haciendo reformas; estamos haciendo cambios. No sabemos concretamente que va a pasar con los médicos, pero todo se está valorando.” El embajador explicó que habían cuestiones que cambiarán con las épocas, y que todos los cambios no se pueden hacer a la vez, que también hay que respetar las concepciones de personas que se han sacrificado mucho por Cuba en décadas “excepcionales” de resistencia al bloqueo más extenso contra un país, y que esa agresión permanente nunca se puede olvidar del análisis como no se puede sacar cálculos de matemática desapareciendo el número cinco.

En muchos casos, Bolaños se manifestó abierto a conversar sobre los planteamientos, sin apoyarlos en su conjunto pero reconociendo razón en muchos de ellos. En algunas situaciones sus respuestas fueron vagas, ciertamente, pero la ganancia, creo, no está tanto en el contenido, como en el hecho de que se entabló un diálogo de desafío respetuoso, de intercambio cordial de ideas, dentro de un marco de diferencias ideológicas.  

En una conversación informal con el embajador justo al finalizar la sesión, se hizo evidente que la actitud entre los propios funcionarios ante los emigrados es diferente. Paradójicamente, un funcionario diplomático mucho más joven arguyó que la soberanía estaba en Cuba y que tenía que “aclararnos” que, por mayoría, son los cubanos en la isla, no nosotros,  los que tienen el derecho a reclamar cambios en la isla. Agregó que los cubanos de afuera no van a imponer sus concepciones a los que viven en Cuba.  “Pero eso no es lo que ellos han dicho”, acotó el embajador Bolaños, quien agradeció el intercambio y la sinceridad de todos los participantes. 

Definitivamente, fue un encuentro provechoso.  Un grupo de cubanos emigrados en Estados Unidos nos sentimos escuchados  Ojalá que seamos más los emigrados que pedimos reformas en Cuba y una mejor política migratoria, pero que también denunciamos el terrorismo del exilio derechista y el embargo que aplican contra el pueblo de Cuba. Ojalá que en el gobierno cubano haya más diplomáticos dispuestos a dialogar.  Tengo la impresión que tanto nosotros como el embajador Bolaños queremos seguir conversando.

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