Thursday, May 17, 2012

Nosotros ponemos el CAFÉ

Réplica al artículo ¿Gusta Café?, de Haroldo Dilla Alfonso, publicado en CUBAENCUENTRO
El 16 y 17 de abril, la organización comunitaria C.A.F.E. (Cuban Americans for Engagement) visitó el Departamento de Estado, la Sección de Intereses de Cuba y el Capitolio en Washington, para expresar su apoyo a la flexibilización de viajes e intercambios académicos y culturales aprobados por el presidente Barack Obama. A la vez, la delegación de C.A.F.E., en representación de más de un centenar de miembros, clarificó que la comunidad cubano-americana está integrada por una pluralidad de voces cuyos puntos de vista con respecto a temas como el embargo y los viajes, discrepan de las posiciones defendidas por los senadores y congresistas cubano-americanos Marco Rubio, David Rivera, Albio Sires, Ileana Ros-Lehtinen, Bob Menéndez y Mario Diaz-Balart.
El apoyo expresado a C.A.F.E a través de correos electrónicos y llamadas telefónicas ha sido abrumador. Tanto desde la Florida como desde otros estados de la nación, cubano-americanos y norteamericanos agradecen nuestra gestión en la capital. Muchos de estos últimos preguntan si pueden ser parte del grupo. El reto está en organizar y canalizar políticamente voces hasta ahora ignoradas por aquellos que en el Senado y el Congreso, dicen representar, al referirse a la comunidad cubano-americana como un todo, sin tener, en realidad, jurisdiccionalidad para ello.

Existen comunidades cubano-americanas por toda la unión americana. Según el sistema de este país, los ciudadanos eligen a sus congresistas y senadores por sus respectivos distritos y estados. Es hora de organizar ese caudal que mayoritariamente discrepa de las políticas de aislamiento y reducción de intercambios con Cuba. Republicanos, demócratas, independientes y de otras afiliaciones políticas, los integrantes de C.A.F.E. han llamado a los cubanos residentes en EEUU a nacionalizarse y votar.
Hasta el momento los representantes de origen cubano-americano en el Congreso han decidido ser voz de una minoría cada vez más en declive. Estos grupos que tienen, ciertamente, su derecho a opinar, lo han hecho, sin embargo, creando un ambiente negativo a la expresión de la pluralidad política cubano-americana. Son las voces intimidadoras, macartistas y carentes de civilidad, que piden a gritos castigos para Ozzie Guillén, Juanes y Olga Tañón; que condenan la visita del Papa a Cuba, y que a la vez ven a Posada Carriles y a Orlando Bosch como héroes del exilio. C.A.F.E. y muchos otros miembros de la comunidad cubano-americana hemos sentido la necesidad de tomar distancia de ellos, ya que para vergüenza nuestra, congresistas como David Rivera se hacen eco de estas minorías.

No se trata de un enfrentamiento generacional. Como demuestra el informe “Dangerous Dialogue” de Human Rights Watch sobre la libertad de expresión en la comunidad cubano-americana, cubanos de todas las olas migratorias han sido víctimas de agresiones de los grupos que han hecho de la intransigencia y la violencia una profesión de fe. En este sentido, es de alabar cómo muchos de quienes hasta ahora habían adoptado posiciones en contra de la reconciliación, deciden dar al diálogo una oportunidad. Es notable, por ejemplo, la reciente presentación del empresario Carlos Saladrigas, fundador del Cuba Study Group, en el Centro Félix Varela en La Habana.

Sorprendente es también el viaje de Alfonso Fanjul a la Isla, en una reciente comisión de la Brookings Institution, cuyo objetivo fue “verificar” el proceso de reformas que toman lugar. (Las contribuciones de los Fanjul en Washington han sido un pivote importante en la perpetuación del embargo. Los hermanos, propietarios de Florida Crystal Sugar, encabezan ya desde hace muchos años el emporio del azúcar en Estados Unidos, lo cual les ha valido calificativos como el de “sugar barons.” En la Florida, organizaciones ambientalistas acusan a los Fanjul de la devastación causada al ecosistema de los Everglades por el uso indiscriminado de fertilizantes. Sus compañías en la Florida y la República Dominicana han sido denunciadas reiteradamente por violaciones de los derechos de los trabajadores).

TV Martí y Haroldo Dilla: un periodismo selectivo
En un reciente reportaje de TV Martí, Ana Carbonell, asistente del ex congresista Lincoln Diaz-Balart, expresó que C.A.F.E. propone una negociación con Cuba sin tener en cuenta la necesidad de reformas políticas en la Isla. En CUBAENCUENTRO, Haroldo Dilla, ex investigador del Comité Central del PCC, ha denunciado la política y la ética de C.A.F.E. al “confundir nuestros derechos ciudadanos con la rebaja de aranceles o con la posibilidad de un empresario de invertir en la economía cubana”. Va aún más lejos al acusar a los miembros del grupo de trabajar para Cubadebate, sitio del departamento ideológico del Comité Central del PCC, al cual él sí perteneció. (Si Cubadebate quiere publicar algo que alguno de nosotros escriba, se agradecería, pues representaría un signo de apertura de su parte. Lo cierto es que nuestros artículos en Cubadebate solo están en la mente de Dilla, quien quizás se confunde con el tiempo en que escribía para las publicaciones del PCC. Invito a Dilla a que presente alguna prueba de sus acusaciones).

Como carecen de alternativas viables, tanto la derecha tradicional representada por TV Martí como el resentimiento ex comunista de Haroldo Dilla coinciden en la insistencia en posiciones que no han obtenido ningún avance en más de cincuenta años de hostilidad. La definición de locura —según Albert Einstein— es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes. ¿Cuándo lo entenderán?

Como expresión de una nueva manera de abordar los dilemas políticos de Cuba y la política de EEUU hacia la Isla, C.A.F.E. da la bienvenida a críticas. Ninguno de sus miembros —que son muchos más que los nueve que pudimos viajar a Washington, pagando todos nuestros gastos—, asume que conoce la mejor manera de dialogar con los gobiernos de Cuba y EEUU. La solución de los conflictos entre ambos países y entre los cubanos no es cuestión de un acto sino de procesos en los que es necesaria una metodología de reconciliación a través de la humildad de todas las partes involucradas. Un debate de ideas reclama un mínimo de civilidad. Sólo quien carece de propuestas acude a infamias como la de llamarnos “comensales predilectos de la oficina de intereses de Cuba en Washington”, o a acusaciones sobre promover inversiones de cubano-americanos en pequeñas y medianas empresas “para oprimir más al pueblo”, como festinadamente afirman Dilla y Carbonell respectivamente.

Los integrantes de C.A.F.E. no se han pronunciado jamás en contra de los derechos ciudadanos de ningún cubano. En el tema de los derechos de viaje, C.A.F.E. aboga porque se respeten los derechos de viaje tanto de cubanos como de norteamericanos, de la forma consagrada en la Declaración Universal de Derechos Humanos, y porque no se prohíban ni salidas ni entradas; ni aquí ni allá. En relación al sistema político prevaleciente en la Isla, varios integrantes reiteraron en las reuniones del 16 y 17 de abril que una política de intercambio y diálogo es la mejor manera de favorecer cambios económicos y políticos en Cuba. Asimismo, el grupo presentó demandas concretas al Gobierno de la Isla, al cual criticamos por aquellas prácticas que consideramos discriminatorias y dañinas al desarrollo de Cuba y la reconciliación nacional. Dicho esto, asumimos que el camino es el diálogo civilizado, facilitando un ambiente de paz y acercamiento, ajeno a propósitos subversivos, en el que los cambios sean menos traumáticos.

Las cuatro medidas propuestas al Gobierno cubano no son un plan máximo, sino decisiones mínimas que son pertinentes incluso en las condiciones opresivas del embargo norteamericano. No nos ocultamos para reconocer junto al Gobierno cubano y la inmensa mayoría de la comunidad internacional que la política norteamericana de sanciones y acoso contra Cuba es “ilegal, inmoral y contraproducente”. Peor, también es antinorteamericana al sacrificar los valores e intereses norteamericanos a una minoría más interesada en la reclamación de propiedades y el poder, que en una transición democrática. Nuestra preferencia por la gradualidad y la pequeña y mediana propiedad se basa en que es en esos espacios de clase media, en los trabajadores —y no en los grandes capitales como los de Fanjul (a quien ni TV Martí ni el neo-izquierdista Dilla cuestionan por su diálogo con Cuba)—, donde el desarrollo y la democracia toman asiento.

Más que proclamar principios o puntos retóricos, nos interesa contribuir a una diferencia tanto en la política migratoria como en las posibilidades de participación de los cubano-americanos en los cambios que tienen lugar en la Isla. Ojalá Haroldo Dilla tenga razón y el Gobierno cubano planifique cambios más profundos que los que sugerimos. Nuestras propuestas nunca han sido un plan máximo, sino apenas una sugerencia mínima, de lo que aún en condiciones difíciles como el embargo norteamericano, Cuba debe hacer. Lo peor sería que ante posiciones maximalistas como las de Dilla, sigamos en la parálisis de principios, sin mapa ni ruta ni consciencia de los factores de poder.
Es lamentable cómo Radio y TV Martí ignoran o tratan unilateralmente temas que generan opiniones diversas dentro de la comunidad cubano-americana, tales como la conferencia del Cardenal Ortega en Harvard, la prohibición de viajar a Cuba o la reciente acción terrorista contra una agencia de vuelos fletados a Cuba en Miami. Los impuestos de los contribuyentes estadounidenses son usados así para subsidiar ataques macartistas contra la reputación de ciudadanos norteamericanos, ofreciendo todas las facilidades a los opuestos al diálogo sin consideración alguna para aquellos que lo defienden. Es hora de que esta emisora, pagada con nuestros impuestos, trate en condiciones de igualdad todos los puntos de vista dentro de la comunidad cubana: los radicales de cualquier signo y los moderados; los que apoyan la política de aislamiento y los que la rechazan.

Todas las manipulaciones e insultos justifican aún más la razón de ser de C.A.F.E. La mejor contribución de la comunidad cubano-americana a la democracia en Cuba es ser un espacio político modelo, donde todas las opiniones son respetadas y toleradas como está consagrado en la primera enmienda de la Constitución de EEUU.

Según la encuesta de 2011 de la Universidad Internacional de la Florida, limitada a cubano-americanos del condado Miami Dade, 57 % de los mismos favorecen el fin de la prohibición de viajar, el 60 % se opone a toda restricción de los viajes familiares, mientras el 57 % apoya el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. Uno de los objetivos principales de C.A.F.E. es hacer visible la poca representatividad de este grupo mayoritario de cubano-americanos. Quien se considere parte de esta nueva conversación, que no dude en confirmar invitación a nuestra mesa de diálogo, enviando un correo a contacto@cafeporcuba.com. Nosotros ponemos el CAFÉ.

Monday, October 17, 2011

Crónicas del Encuentro Nacional con Jóvenes Cubanos Residentes en los Estados Unidos. Sección de Intereses de Washington.

El 14 y el 15 de octubre del 2011 tuvo lugar en la Sección de Intereses de Cuba en Washington el “Encuentro Nacional con Jóvenes Cubanos Residentes en los Estados Unidos.” El evento contó con la participación de ponentes residentes en los Estados Unidos, y fue clausurado por el embajador Jorge Bolaños, quien encabeza el cuerpo diplomático de la Sección, con una intervención seguida por un diálogo con los participantes. Comparto aquí algunas notas sobre la reunión y las sesiones en las que participé.
Primer Día
Después de la inauguración, se presentó la película El ojo del canario, sobre la juventud de José Martí, a lo que siguieron las ponencias de José Barreiro, ex –“Peter Pan”, y actual director de la Oficina de Latinoamérica del Natural Museum of the American Indian de la  Smithsonian, y de Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Denver. El panel contó con la moderación de Yaniel Pérez, diplomático de la Sección. 

En su intervención, el profesor López-Levy enfatizó que con la independencia de Cuba y la unión antillana, Martí buscaba  la paz entre las dos partes del continente americano y con ello el “equilibrio del mundo.  Martí, que admiraba y a la vez criticaba a la sociedad y el gobierno norteamericanos,  promovía una relación cordial de Cuba con EE.UU basada en los principios del “conocimiento” como vecinos y el respeto  a su soberanía y autodeterminación. 

El doctor José Barreiro describió el papel singular del héroe nacional cubano en la lucha por el reconocimiento de los derechos indígenas.  Barreiro recordó la premonitoria contribución martiana en enfatizar el uso de los tratados como instrumento para reclamar los compromisos contraídos. Llamó a conocer mejor las conexiones entre las propuestas martianas, incluyendo las museológicas,  y la trayectoria reivindicativa de los derechos comunitarios y civiles de las diferentes naciones indias en EE.UU y todo el hemisferio. 

Ante una pregunta sobre la vigencia del pensamiento martiano en el tema de las relaciones entre Cuba y su emigración, López-Levy se refirió al principio de que la primera ley de la republica debía ser el respeto a “la dignidad plena del hombre”, lo que implica un tratamiento digno de las autoridades hacia todos los cubanos, incluyendo los emigrados y de cualquier cubano hacia otro. López-Levy enfatizó que en la lucha por una república soberana, la fórmula de amor triunfante martiana “Con todos y para el bien de todos”  tenía plena vigencia, tal y como la pensó el Apóstol, desde una matriz nacionalista. 

Recordó que en el proyecto nacionalista y republicano, inspirado por el pensamiento de Martí, debe haber espacio para múltiples tendencias ideológicas, no solo las comunistas. En ese sentido, llamó a abrir los procesos de apertura y reforma en Cuba a la participación de todos los cubanos patriotas, con la sola condición que reconozcan la soberanía de Cuba, y rechacen los  engendros plattistas como la ley Helms-Burton y el embargo, sin aliarse con los que los apoyan.  

A propósito de la intervención del doctor Barreiro, Max Lesnik recordó como la defensa cubana de su soberanía había impedido que la expansión estadounidense convirtiera a Cuba en un espacio para casinos como había ocurrido con la degradación impuesta a los indígenas por los abusos cometidos por el gobierno estadounidense.  Lesnik dijo que Martí previó la importancia central para Cuba de ser un país soberano y de unir a todos los independentistas.  El doctor Barreiro enfatizó la importancia de reconocer que la soberanía cubana estaba en Cuba. 

El día concluyó a golpe de timba y trova, con la excelente actuación del grupo infantil “La Colmenita”, coincidentemente de gira por los Estados Unidos. (Tal actuación se dio gracias a la generosidad del cubano-americano Geo Darder, uno de los participantes en el evento, quien financió el transporte de los niños a Washington.)

Segundo Día
El segundo día transcurrió con dos paneles: uno en la mañana, titulado: “Cuba, nuestra gran familia: construyendo puentes de amor y de justicia”, con Mario Robaina, José Pertierra, Geo Darder, y Tito Gelabert como moderador. En la tarde se proyectó el documental de Vivian Lesnik Weisman “El hombre de las dos Habanas”,  filme que aborda las vicisitudes de un periodista  cubano que vive en Miami, y sin ser comunista, es atacado (literalmente), por el macartismo vigilante del exilio radical. El filme es narrado por Vivian, la hija del periodista, quien busca entender no tanto el tema de Cuba en sí,  sino la pasión que despierta tal asunto en su padre. El documental es una acusación no sólo a los exiliados terroristas, sino también a la falta de principios a favor de la libertad de expresión, los valores familiares y la coerción a los derechos de viaje, ejercidos por un segmento considerable del exilio cubano, la prensa y hasta las autoridades en la ciudad de Miami. 

Se inició después la etapa final del evento con la participación del embajador Jorge Bolaños, quien se refirió a algunas de las transformaciones y reformas que están tomando lugar en la isla, así como a otros temas de interés general. Junto a él se encontraba el embajador Benigno Pérez, director de la División de Atención a Residentes Cubanos en el Exterior (DACRE).  Bolaños hizo un recuento sobre el estado de las relaciones Cuba-EE.UU, reconociendo algunos avances de la administración Obama con relación a su predecesor, George W. Bush, pero lamentando no poder avanzar más en un proceso de normalización de relaciones y entendimiento entre los dos países.  

Cuando se abrió el panel a las preguntas y comentarios del público, Romy Aranguiz, doctora cubana quien realiza su especialización en reumatología en la Universidad de Massachusetts, inauguró la ronda preguntando si las reformas migratorias estaban ponderando una apertura hacia los médicos cubanos que eran considerados “desertores” y como tal, se les negaba el permiso de entrada a Cuba. Aranguiz pidió que se reconsiderara esa política, pues era importante encontrar fórmulas humanitarias, que facilitaran las visitas de esos médicos a sus familias, acercándolos así a las posiciones que procuran el fin de la hostilidad y el aislamiento contra Cuba.  

Los embajadores Bolaños y Benigno Perez dijeron que se estaban estudiando reformas importantes que incluían en su actual discusión temas muy difíciles como el planteado sobre los médicos. Bolaños argumentó que esa discusión interna por sus propias razones, no por presiones externas, se facilitaría si no hubiesen programas de agresión como los destinados a promover la deserción de personal de salud cubano, incluso en las difíciles condiciones de la cooperación en Haití, donde Cuba ha sido la pieza clave para enfrentar la crisis humanitaria, hecho reconocido incluso por la propia administración Obama. 
 
En mi comentario expresé que probablemente, de quienes estábamos ahí, casi ninguno compartía una visión marxista-leninista, y que ello no nos debería quitar el derecho a tener una voz para discutir los temas de nuestra nación, de la cual no nos sentíamos menos partícipes por ser emigrados. En este respecto, comenté sobre la emergencia de voces alternativas dentro del exilio cubano-americano, que condenan, también sin vacilar, la hostilidad terrorista que ha dado acogida a capítulos horrendos de nuestra historia como el atentado de Barbados en  1976, y a la vergüenza de que sus perpetradores hayan sido protegidos por los sectores dominantes del exilio cubano y el gobierno de Estados Unidos. Expresé que cada vez somos más los emigrados que rechazamos el silencio cómplice del exilio de Miami, sobre éste y otros episodios de su historia de violencia, incluidos los ataques contra aquellos que optaron por el dialogo, opción por la que nos pronunciamos.

Completé mi intervención arguyendo, desde la autoridad de me confería mi repudio a esos abusos, mi derecho, como ciudadana cubana, a plantear también críticas y sugerencias al gobierno cubano, las cuales podrían coadyuvar a la fomentación de una cultura del diálogo y la no violencia. Entre ellas, mencioné la necesidad de un perdón oficial, por parte del gobierno, de aquellos que han sido víctimas de maltratos. Como ejemplo, presenté el caso de la homosexualidad. No era suficiente adoptar una actitud celebratoria hacia la homosexualidad, como está haciendo en este momento en Cuba. Era loable, pero no suficiente. Expresé que muchas personas habían sido víctimas de maltratos por su condición homosexual, sobre todo en las primeras décadas de la Revolución y que ahora, desde el presente, viviendo en puntos distantes del planeta, aún cargaban el trauma de sentirse hijos rechazados de su patria. Una disculpa oficial sentaría las bases para un diálogo reconciliatorio legítimo. 

El profesor López-Levy, por su parte, enfatizó que los cubano-americanos entendíamos la importancia de luchar por una relación amistosa y cordial entre los dos países, que debe basarse en el respeto por la soberanía cubana, pero que el gobierno de Cuba debe tomar en cuenta la pluralidad ideológica existente en la emigración cubana, incluso entre muchos de los que nos oponemos al embargo y la ley Helms-Burton, y respetarla.  

López-Levy expresó que nuestro amor por Cuba es lo que nos lleva también a participar y opinar sobre los cambios necesarios en la isla, entendiendo que esas opiniones deben ser expresadas con respeto pero dejando claro que es nuestro derecho, como parte de la nación, presentar nuestra visión. “Los que estamos aquí queremos una política norteamericana que contribuya y haga menos difícil las reformas en Cuba, no que las obstaculice como ha hecho el embargo, pero queremos reformas sustanciales. La emigración no es algo distinto sino parte de la nación, por tanto, debemos participar en los procesos de reforma que están teniendo lugar en Cuba”, expresó.

Consecuentemente, señaló que el gobierno cubano muchas veces piensa sus relaciones con la emigración en términos de “un paquete cerrado que se nos entrega y que debemos de aceptar.” En ese sentido, aludió a los altos precios de los trámites de viaje, permisos y pasaportes, y a la necesidad de una reducción de los mismos a un costo racional, con vistas a contribuir al mencionado proceso de acercamiento entre ambas partes. “Viajar a la isla es quizás la experiencia más movilizadora entre los cubano-americanos contra la prohibición de viajar y el embargo” --adujo. “Por tanto, es importante que se fomenten los viajes de cubanos a la isla, eliminando cualquier barrera que no sea estrictamente necesaria para la defensa del país.” 

Aimel Ríos Wong y otros jóvenes cubano-americanos se dirigieron a Bolaños después de sus respuestas a algunas de nuestras preguntas, diciéndole que apreciaban la reunión pero que ya estaban cansados del “teque”, tanto de la ultraderecha cubano-americana, como el de una ultra-izquierda ortodoxa en Cuba. Ríos Wong criticó que faltaban propuestas concretas sobre cómo se va a cambiar las leyes migratorias cubanas. Que era hora de comenzar un nuevo diálogo en que se tomaran en cuenta legítimamente a todas las partes, y que ellos debían darnos tanto a nosotros como a los jóvenes en la isla el acceso a una mayor participación.  Un joven cubano-americano dijo que era hora de dejar de  guiar la política entre los cubanos y los cubano-americanos por las confrontaciones de otras épocas, que hay que dejar a los jóvenes promover su agenda de paz y reconciliación. 

Andrés Ruiz, empresario cubano-americano y estudiante de Maestría en Business Administration de la Universidad de Clerk,  de Massachusetts, criticó el hecho de que los cubanos puedan permanecer sólo 11 meses residiendo fuera de Cuba. Llamó a que “con todo respeto” se considere lo beneficioso que sería para Cuba  eliminar esa restricción, permitiendo el regreso a Cuba –sin límites de tiempo-- de aquellos emigrados que lo deseen. “Yo mismo quisiera poner a disposición de mi país, en un futuro cercano, los conocimientos que estoy adquiriendo en este Masters, los elementos de finanzas, de comercio, de marketing, que en definitiva, Cuba necesita”.

Bolaños, respondió de manera cordial a todos nuestros comentarios: “No tengo objeción a lo que has dicho”, me expresó. “Estamos haciendo reformas; estamos haciendo cambios. No sabemos concretamente que va a pasar con los médicos, pero todo se está valorando.” El embajador explicó que habían cuestiones que cambiarán con las épocas, y que todos los cambios no se pueden hacer a la vez, que también hay que respetar las concepciones de personas que se han sacrificado mucho por Cuba en décadas “excepcionales” de resistencia al bloqueo más extenso contra un país, y que esa agresión permanente nunca se puede olvidar del análisis como no se puede sacar cálculos de matemática desapareciendo el número cinco.

En muchos casos, Bolaños se manifestó abierto a conversar sobre los planteamientos, sin apoyarlos en su conjunto pero reconociendo razón en muchos de ellos. En algunas situaciones sus respuestas fueron vagas, ciertamente, pero la ganancia, creo, no está tanto en el contenido, como en el hecho de que se entabló un diálogo de desafío respetuoso, de intercambio cordial de ideas, dentro de un marco de diferencias ideológicas.  

En una conversación informal con el embajador justo al finalizar la sesión, se hizo evidente que la actitud entre los propios funcionarios ante los emigrados es diferente. Paradójicamente, un funcionario diplomático mucho más joven arguyó que la soberanía estaba en Cuba y que tenía que “aclararnos” que, por mayoría, son los cubanos en la isla, no nosotros,  los que tienen el derecho a reclamar cambios en la isla. Agregó que los cubanos de afuera no van a imponer sus concepciones a los que viven en Cuba.  “Pero eso no es lo que ellos han dicho”, acotó el embajador Bolaños, quien agradeció el intercambio y la sinceridad de todos los participantes. 

Definitivamente, fue un encuentro provechoso.  Un grupo de cubanos emigrados en Estados Unidos nos sentimos escuchados  Ojalá que seamos más los emigrados que pedimos reformas en Cuba y una mejor política migratoria, pero que también denunciamos el terrorismo del exilio derechista y el embargo que aplican contra el pueblo de Cuba. Ojalá que en el gobierno cubano haya más diplomáticos dispuestos a dialogar.  Tengo la impresión que tanto nosotros como el embajador Bolaños queremos seguir conversando.

Wednesday, August 24, 2011

Los hijos de los revolucionarios y el fantasma de Shakespeare


En la escena X del drama isabelino, Hamlet confronta al fantasma de su padre, el cual se le aparece tras haber sido asesinado por Claudio, hermano del monarca. Desde la continua zozobra que lo aqueja, Hamlet increpa al espantajo:

“-¡Oh, respóndeme, no me atormentes con la duda! Dime, ¿por qué tus venerables huesos, ya sepultados, han roto su vestidura fúnebre? ¿Por qué el sepulcro donde te dimos urna pacífica te ha echado de sí, abriendo sus senos que cerraban pesados mármoles? ¿Cuál puede ser la causa de que tu difunto cuerpo, del todo armado, vuelva otra vez a ver los rayos pálidos de la luna, añadiendo a la noche horror? ¿Y que nosotros, ignorantes y débiles por naturaleza, padezcamos agitación espantosa con ideas que exceden a los alcances de nuestra razón? Di, ¿por qué es esto?”

Algunos hijos emigrados de ciertos revolucionarios  sufren, como Hamlet, por la reaparición del espectro de sus progenitores. Atormentados por una historia de la cual no deberían sentirse ni responsables ni avergonzados, entablan batalla contra espíritus de su propio linaje. Preocupados como están por no ser identificados con un pasado que les pesa, optan por no contribuir a un presente de reconciliación. Lo cual es paradójico pues junto a sus padres, participaron--muchas veces con marcado entusiasmo--, en las dinámicas mainstream del proceso revolucionario: publicaciones en editoras nacionales, premiaciones, cargos, puestos en reconocidas cátedras, pertenencia al canon…


Para exorcizar a sus fantasmas, asumen actitudes radicales, adoptando el lenguaje del lugar al cual llegan (un vocífero exilio, en el caso de Estados Unidos). Sus anfitriones, los viejos exiliados, son incapaces de entender sutilezas importantes que los hijos de los revolucionarios sí, puesto que aquéllos nunca más regresaron a Cuba. Pero éstos, los Hamlets de nuestro exilio, incorporan el lenguaje del terror por oportunismo.

Cuando vean a un hijo de un revolucionario convocando desde Miami, New Jersey u otro punto cómodo del planeta al levantamiento popular en Cuba, o repitiendo estribillos que exacerban el odio entre cubanos, pregúntese qué fantasmas estará tratando de borrar con el emplazamiento. Yo, que conozco a algunos de ellos, les aseguro que el llamado tiene casi siempre motivaciones más torcidas de lo que aparentan.

Monday, August 15, 2011

Pablo: en Miami también eres querido

El ala radical del exilio cubano en Miami ha escogido nuevamente darle la espalda al sentido común, al solicitar a las autoridades de esa ciudad la cancelación del concierto de Pablo Milanés el próximo 27 de agosto, el cual ha sido auspiciado por Hugo Cancio, presidente de Fuego Entertainment y del Cuba Business Development Group Inc.

Integran el elenco de opositores organizaciones de corte diverso. Por un lado, la ya pintoresca Vigilia Mambisa, la cual pasó a ser parte de los anales de esa ciudad en el 2009, al rentar una aplanadora para destruir los discos de Juanes durante el concierto del colombiano en La Habana. (Al parecer un ala de Vigilia autodenominada “Los Rockies” –cuyo ídolo es el personaje popularizado por Sylvester Stallone en el filme Rocky, de 1976— ha llegado a convertirse en un núcleo agitador dentro del grupo.)

Otras asociaciones como la Brigada de Asalto 2506, la Junta Patriótica Cubana, Exilio Unido Ya, el Frente Nacional Presidio Político Cubano y la Coordinadora Internacional de Ex Prisioneros Políticos Cubanos, han solicitado al alcalde del condado Miami-Dade la cancelación del evento, contando en ello con el apoyo del congresista cubano-americano David Rivera, a quien The Miami Herald ha dedicado recientemente varios artículos que abordan una investigación federal sobre manejos ilícitos de sus finanzas personales y campaña política.

No es casual que la mayoría de estos grupos, a raíz de las protestas, haya suscrito un documento en apoyo a la enmienda de Mario Díaz-Balart para derogar las medidas del presidente Barack Obama sobre los viajes y envíos de remesas a Cuba. Tampoco lo es que sea David Rivera el promotor de otra enmienda que se opone a la reunificación de las familias cubanas: responden todos a la misma política de asfixia de quienes prefieren poner intereses personales, muchas veces revanchistas, por encima de un necesitado proceso de reconciliación nacional a gran escala.

Hoy, estos intransigentes desaprovechan nuevamente la posibilidad de hacer historia, oponiéndose al concierto de Pablo. Su miopía política les impide entender que al asumir posturas de estrangulación y el aislamiento, lejos de propiciar un proceso de apertura, respaldan la radicalización de agendas anti-reformistas en la isla. ¿Será que siguen acariciando la idea del ajusticiamiento y el caos colectivo como única solución?

Pablo Milanés no es un disidente, pero tampoco es una vaca sagrada del oficialismo cubano. Desde el inicio de la Revolución hasta la fecha, ha asumido posiciones incómodas y ajenas al propagandismo fácil. En los 60s fue víctima de las UMAP. Tiene el mérito de haber inaugurado, a principios de los 90s, la segunda institución cultural de carácter autónomo en la Cuba pos-revolucionaria: la Fundación Pablo Milanés, la cual, aunque contó con respaldo en sus inicios, fue cancelada por los progresivos obstáculos oficialistas que enfrentaría. (Ediciones El Puente fue la primera institución de carácter autónomo en 1961, aunque serían finalmente co-optadas por la UNEAC en 1964).

Es difícil seguir la lógica torcida de los verticales del exilio. En el 2010, a raíz del concierto de Silvio Rodríguez en el Carnegie Hall, la emprendieron contra Rodríguez por haber firmado la carta de apoyo al fusilamiento de los tres jóvenes que secuestraron armados una lancha llena de pasajeros en el 2003, con el propósito de huir a EE.UU. Cuando Milanés, en cambio, expresa a El Nuevo Herald: “Fui el único que no la firmó porque no estuve de acuerdo con que los apresaran ni con que fusilaran a aquellos tres muchachos -negros por cierto- que se robaron la lancha [de Regla] y no mataron a nadie”, lo insultan y pretenden excluir con igual vehemencia.

Tampoco los reclamos del trovador de que el estado debe proteger la vida de sus ciudadanos, independientemente de la naturaleza de sus protestas (en el contexto de la muerte de Orlando Zapata Tamayo), mueven a la reflexión a los verticales.

En una competencia de valentía, ¿quién tuviera más mérito? ¿Los seguidores de Rocky Balboa, quienes acogiéndose a las garantías de la democracia, protestan contra Fidel desde el Versailles, o Pablo Milanés, quien presiona por transformaciones desde adentro, en el seno de una sociedad unipartidista?

El estribillo favorito de estos grupos es que el intercambio cultural no es tal intercambio, puesto que ni Gloria Estefan ni Willy Chirino han podido ir a cantar a Cuba, como tampoco lo pudo hacer Celia Cruz. Sin desestimar que en Cuba la tolerancia y el pluralismo deberían verse cada vez más no como demandas postergadas por la Guerra Fría, sino como el común denominador de los nuevos tiempos,  uno puede preguntarse también: ¿Qué han hecho estos artistas para establecer las bases de un intercambio fructífero? ¿Han denunciado la violencia e intolerancia en Miami? ¿Han manifestado sus condolencias a los familiares de las víctimas del sabotaje al vuelo 455 de Cubana de Aviación? ¿Han pedido alguna vez la supresión del embargo, cuyo blanco fundamental ha sido, no el gobierno sino las familias cubanas en la isla, las mismas que hoy Ileana Ros-Lehtinen, los Díaz-Balart, Marco Rubio, Bob Menéndez, David Rivera y otros, se empeñan en seguir castigando?

Sunday, July 17, 2011

Right wing pol takes aim at reunification of Cuban families

By Albor Ruiz 

Sunday New York Daily News, July 17, 2011 at 9:11am

"He won't getaway with it," said Isabel Alfonso, a Cuban-born literature professor, composer and singer who lives in Jackson Heights, Queens. "Who does he think he is?"

Alfonso's rage was directed at Rep. Mario Díaz Balart, a right-wing Cuban-American Republican. Last month, he attached an amendment - approved by the House Appropriations Committee - to the Financial Services Appropriations bill aiming to rescind President Obama's 2009 changes to Cuban-American family travel and remittances rules.

If the bill passes, Cuban-Americans would be pushed back to George W. Bush's dark ages, when they were allowed to visit their families in Cuba once every three years with no humanitarian exceptions. The definition of family would be limited, and the amount of money they could send to the island would be capped.

"This is Tía Isabel," said Alfonso pointing to a photo of a sweet-looking lady sitting on a rocking chair in her Havana living room. Alfonso, who teaches at St. Joseph's College on Long Island, has taken six trips to see her elderly aunt since 1995 - the year she moved to the U.S.

"Last time was in June. I would've gone more often, but Bush's absurd restrictions made it impossible." And she added: "No Cuban-American politician is going to stop me from seeing her."

Fortunately, it is unlikely that Díaz Balart, who would like nothing more than to make it illegal for Alfonso to visit her aunt, will get his wish. Even if the bill, as it stands, passes a House vote and gets through the Senate, the White House has vowed to veto it.

Last Wednesday, the Obama administration made it clear it will not allow Díaz Balart and his ilk to roll over their Cuba policy.

"This section would undo the President's efforts to increase contact between divided Cuban families, undermine the enhancement of the Cuban people's economic independence and support for private sector activity in Cuba that come from increased remittances from family members, and therefore isolate the Cuban people and make them more dependent on Cuban authorities," the White House said.

It appears Díaz Balart, who has made a career of supporting every measure to punish the Cuban people on both sides of the Florida Strait, has grossly miscalculated. Last year almost 400,000 Cuban-Americans visited their native country, many of them Díaz-Balart's constituents.

Whatever their feelings might be about the Havana government, they want to travel to Cuba to embrace loved ones and make their lives easier. They are certain not to appreciate their representative's efforts to criminalize family visits and remittances.

To answer Alfonso's question: it's easy to know who Díaz Balart really is.
Although he sells himself in Miami as Cuban to win votes, the Fort Lauderdale-born son of Cuban parents has never set foot on the island.

Díaz Balart doesn't have relatives in Cuba, which makes it easy for him to erect himself as some sort of deity - a very minor one for sure - that pretends to redefine the Cuban family by leaving aunts, uncles and cousins out, and to decide who can travel to their native country and when.

For whatever obscure reasons, Díaz Balart - who, unlike Cubans on the island, lives a very comfortable life - keeps doing his best to make sure the hardships of the Cuban people he says he wants to help are not alleviated by any means.

"The time has come for Cuban Americans to vote Díaz Balart, Sen. Bob Menéndez [D-N.J.], [Rep.] Ros-Lehtinen [R-Fla.] and others like them out of office," Alfonso said. "How much longer are we going to keep rewarding those who profit from our pain?"

Or as we say in New York, it's high time to throw the bums out.
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